¿Y Ahora Quién Podrá Defendernos? / Por Rodolfo Rocha Garnica.

18 marzo 2010

El mundo del comic desde siempre es apasionante. Así nos encontramos con una Ciudad Gótica- llevada a su esquema más snob en los sesentas en el siglo pasado, ofreciéndonos a un Batman televisivo alejado del conceptualizado por su autor- defendida por un superhéroe con todas las características del ítem del gringo hasta personajes netamente mexicanos, como el  ídolo de la lucha libre Santo, llevado a las pantallas cinematográficas y Kaliman, cuya popularidad alcanzó estadios inalcanzables.

Lo grave es que tanto Santo como Kaliman luchaban en mundos nada parecidos a la condición de nuestra sociedad mexicana actual. El primero enfrentado siempre a seres del inframundo, científicos locos y delincuentes de muy bajo perfil si los comparamos con los que ahora ocupan un número elevado de espacios en los medios de comunicación. Mientras que el Hombre increíble lo hacía en sitios orientales y sólo en una de sus tantas aventuras piso suelo azteca, en la selva de Guerrero.

Los superhéroes son ficción. Lo real es la inoperancia de nuestros cuerpos policíacos para combatir decididamente el flagelo de la inseguridad. No existen elementos capacitados y adiestrados para hacer frente a una organización criminal sin precedente en la historia del país.

Por más discursos que se emitan, los mexicanos vivimos en un estado de indefensión y nadie parece compadecerse de esa situación.

Se siguen gastando cantidades importantes de dinero para invertirse en seguridad pública. La sociedad civil acude a empresas privadas que ofrecen las perlas para protegerla y, eso, sólo es una demostración más de la poca confianza existente en las corporaciones públicas.

Por esa razón, cada uno de nosotros hacemos la misma pregunta que lanzaban al aire los protagonistas de la serie El chapulín colorado cuando se sentían acorralados: ¿ahora quién podrá defendernos?

La única diferencia con la realidad es que en el programa de Roberto Gómez Bolaños el personaje aludido aparecía, al menos, para  atacar a los delincuentes con su famoso chipote chillón o utilizaba sus pastillas de chiquitolina.




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