El triunfo: tatuado en el corazón alemán

13 julio 2014

ALEMANIA

La selección alemana de fútbol, ha conquistado su cuarto campeonato del mundo, y este enorme logro, demuestra lo que realmente define a esa grandiosa nación: espíritu invencible, fortaleza de corazón, fuerza física única, mentalidad ganadora, coraje impresionante, inteligencia descomunal.

La final contra Argentina, no defraudó a nadie, porque más allá del resultado, pudimos atestiguar cómo 22 futbolistas se jugaron la vida literalmente, con tal de no perder ni un segundo el balón que se empapaba por la humedad de la cancha y por el sudor de cada héroe, que daban la sensación de estar librando una guerra, y no un partido de fútbol.

Gonzalo Higuaín, se desplomó ante la fiereza del portero alemán, que más que ir a salvar a su portería, parecía que trataba de inmovilizar a un enemigo mortal. El argentino, con corazón de sobra, se levantaba –más bien resucitaba- y reclamaba al árbitro el no haber marcado una falta vista por millones de seres humanos.

Del otro lado, Bastian Schweinsteige, cayó noqueado por un puñetazo de Sergio Agüero, que aparte de todo, le provocó una herida que sangraba por debajo del ojo derecho. El alemán, por supuesto, se levantó, los médicos lo llevaron a la banca, le hicieron una mini operación, y el jugador regresó a la cancha, como si nada hubiera pasado.

No hay más: la disputa por un balón, queda atrás cuando el ser humano se funde en el sacrificio y la entrega. Desde luego, hay placer cuando el esférico entra en la portería adversaria; pero nada comparable, a la plena conciencia de que a pesar de estar falleciendo de cansancio o de dolor, la vida siempre entrega un recompensa.

Brasil ya se vistió de gloria, y no precisamente porque su propia selección sea un orgullo para ellos, sino porque en su territorio, Alemania y Argentina, dejaron la vida entera por levantar la Copa Mundial de Fútbol. La tristeza argentina, era colosal. El triunfo alemán, nos dejó sin aliento.

Alemania, pondrá la cuarta estrella en su playera.

Nada como el triunfo…y esa condición, la tienen tatuada los alemanes en su mente y en su corazón.

(Editorial)




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