Angélica Rivera, una piedra en el camino…

19 Julio 2016

Angélica_Rivera

Esto del “perdón” de Enrique Peña Nieto -por el asunto de la Casa Blanca-, sigue dando mucho de qué hablar y pensar, porque tal parece que los “asesores” del Ejecutivo Federal, ni siquiera midieron los choques entre el discurso del mandatario federal y el comunicado oficial de la Presidencia.

Las cuestionamientos respecto a este caso son demasiados, pero vayamos con los más importantes. ¿Por qué Peña Nieto pidió perdón de algo que ni siquiera se pudo concretar? ¿Si la compra de la Casa Blanca se canceló desde diciembre de 2014, por qué se dio a conocer dos años después?

¿Los documentos de cancelación de compra venta de la Casa Blanca fueron avalados en su momento por la Secretaría de la Función Pública o ni siquiera hubo testigos de ese procedimiento?

¿Por qué si Angélica Rivera salió a decir en un mensaje a la nación que ella había adquirido esa casa con el sueldo de toda su vida, por qué no ofreció también un mensaje a todo el país señalando que ya había cancelado la compra de la Casa Blanca?

Insistimos, el perdón que pidió Enrique Peña Nieto en la presentación del Sistema Nacional Anticorrupción, no tuvo ni siquiera sentido, porque si el plan era hacer ver a un presidente humilde y con convicciones, pues resultó todo lo contrario, porque ahora el tema de la Casa Blanca ha resurgido de las cenizas, y seguramente Carmen Aristegui muy pronto dará a conocer otra versión distinta a la de Los Pinos.

De entrada, hay que analizar fríamente por qué Peña Nieto se aventó al vacío sin paracaídas. Basta observar la actitud de los funcionarios justo cuando el presidente ofrecía disculpas por la ambición de su mujer.

Punto importante será revisar el papel de los asesores del presidente, que siempre buscan la manera de hundirlo más, pues enviaron un comunicado evidenciando los secretos de la Gaviota, porque si la cancelación de la compra de la Casa Blanca no se hubiera hecho en lo oscurito, otro gallo cantaría en estos momentos.

Así las cosas con Angélica Rivera.

A Peña Nieto, una piedra en el camino, le enseñó que su destino era rodar y rodar.

Esta historia es para la Rosa de Guadalupe.

Solo una cosa es segura: el Sistema Nacional Anticorrupción, ya es inolvidable.

(Editorial)




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