Benedicto XVI, los Protestantes y Ricky Martin.

30 marzo 2010

En plena Semana Santa, el cantante Ricky Martin, provoca la rasgadura de vestidos al declararse abiertamente homosexual, lastimando en gran manera a los puritanos, hacedores del bien, jamás pecadores y hombres de Dios, es decir, a los jerarcas católicos y a los líderes protestantes. ¡Qué barbaridad! Ahora resulta que la gente de la iglesia, se siente molesta y enojada ante las declaraciones de una persona conocida en todo el mundo.

Ojalá hubiera millones de homosexuales como Ricky Martin, y no falsos profetas como los que dirigen a las catedrales o a los centros de adoración, como suelen llamarle a los lugares donde se predica “la palabra del Señor”.

¿Tendría el valor suficiente  el Papa Benedicto XVI, de decirle al cantante boricua, que se va a ir al infierno por ser gay? ¿Algún pastor evangélico, podría reclamarle al artista el por qué en vez de andar diciendo que es homosexual, no da su diezmo? ¿Los líderes religiosos están tan libres de culpa, como para tirar la primera piedra?

Ni Juan Pablo II, ni Benedicto XVI, ni Norberto Carrera, ni los pastores de las iglesias cristianas bautistas, ni los metodistas, ni los pentecosteses, ni los Testigos de Jehová, ni los mormones, ni nadie, han tenido  gestos de verdadera humanidad como Ricky Martin.

Numerar lo que ha hecho el puertorriqueño, sería engrandecer más su espíritu y su prédica ejemplar. Que si es gay o no es gay, eso es lo de menos. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia, dijo Cristo en el Sermón de la Montaña. El mismo Jesús, perdonó en el último instante de vida  a uno de los ladrones que estaba crucificado a su lado.

En plena Semana Santa, Ricky Martin ha dado muchas lecciones, y miren que no es ni político, ni religioso, ni nada por el estilo; simple y sencillamente es una persona que se esfuerza por hacer bien su trabajo y ayudar a quien más lo necesita.

La verdad absoluta no se encuentra en la iglesia, sino en la sonrisa que provocamos cuando acudimos a ayudar a la gente afligida, y leemos en sus labios y en su corazón un “gracias”. En vez de que las iglesias critiquen, que sigan el ejemplo de Jesucristo, y si se puede, que ya no sean tan cínicos.




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