Benito Juárez y Su Tiempo / Por Rodolfo Rocha Garnica.

22 marzo 2010

En la primera presidencia juarista Miguel Lerdo de Tejada, hermano de Sebastián (uno de los más allegados al Benemérito), fue nombrado Secretario de Hacienda y con dicha investidura proclamó la Ley de Desamortización de Fincas Rústicas y Urbanas, propiedad de corporaciones civiles y religiosas, conocida también como Ley de desamortización de bienes en manos muertas.

Antes de ello, durante la presidencia de Ignacio Comonfort, otro liberal José María Iglesias- en su calidad de ministro de Justicia, Negocios Eclesiásticos e Instrucción Pública- proclamó la Ley que estableció la prohibición del cobro de pago por la administración del sacramento, lo que benefició a quienes no tuvieran la posibilidad de pagarlas. Los costos variaban de acuerdo con la Iglesia y el argumento esgrimido por algunos sacerdotes: “el cielo también cuesta”, era suficiente para convencer a las almas de los mexicanos

Juárez, ya como Presidente de la República, ante la situación grave que se respiraba por todos los rincones del país, comenzó a huir a diferentes lugares, fuera de la capital de la República: Guadalajara, Manzanillo y Veracruz, sitio este último donde se dieron a conocer las Leyes de Reforma., el 7, 12, 23, 28 y 31 de julio de 1859.

En su viaje llegó a Panamá y luego a Cuba, hasta donde fue perseguido, por lo que de ahí se fue a Estados Unidos.

Pero al margen de lo anterior, que comienza a parecer una novela, las Leyes de Reforma simbolizaron la modernización política  de México y fueron un progreso para su época, porque se implantó la separación entre la Iglesia y el Estado, que tuvo vigencia en el intervalo histórico que va de 1859 a 1994, cuando durante el gobierno Carlos Salinas de Gortari se reanudaron oficialmente las relaciones diplomáticas entre los dos Estados.

Paradójicamente un reconocido liberal, como el profesor Enrique Olivares Santana, fue nombrado como primer embajador ante Ciudad del Vaticano y entregó sus cartas credenciales a Juan Pablo II, quien de paso se adjudicó otro triunfo- en un camino que inició en 1979 al visitar por primera vez México-al regresar al “redil “a uno de los pueblos con más católicos en el planeta.

Pero también existieron otros intereses en tal separación, ya que en 1859, al establecerse la  libertad  de  cultos, Melchor Ocampo apoyó a  un movimiento que tenía la intención de organizar una iglesia mexicana, que reconocía como única autoridad eclesiástica a Rafael Díaz Martínez, lo cual    fracasó porque esta corriente fue condenada por el Papa Pio IX.

Pero el alejamiento del Vaticano y la cercanía con los Estados Unidos, provocó que Melchor Ocampo (a nombre del gobierno juarista) negociará con los estadounidenses el Tratado Mc Lean-Ocampo, que comprometió la soberanía del país frente a Estados Unidos, a cambio de 4 millones de pesos, de los cuales la mitad se gastaría en indemnizaciones pendientes a favor de ciudadanos estadounidenses residentes en nuestro país; a cambio de ello,  el gobierno juarista permitiría a Estados Unidos el paso a perpetuidad por el Istmo de Tehuantepec, autorizándoles a realizar las obras necesarias para cumplir con tal exigencia.

Aquí resulta sorprendente la actitud de Juárez, en su función de líder del Partido Liberal, al permitir que se firmara un documento que atentó contra la soberanía nacional. Sin embargo, el documento firmado por Robert McLane y Melchor Ocampo no fue ratificado por el Senado de nuestros vecinos del norte.

A pesar de ello, se exalta todavía el patriotismo de Juárez, porque se mantuvo  en el poder, pese a los graves momentos de sinsabores en el país y dirigió al Partido Liberal, defendiendo la soberanía nacional, durante la segunda intervención francesa.

Pero se debe destacar la influencia que en la sociedad mexicana tenía la Iglesia, la cual movía a placer los hilos de sus intereses económicos y Puebla era la más conservadora de las ciudades del país, su población vio con agrado la llegada de los europeos. Por ello, después de la batalla del 5 de Mayo, Zaragoza sugirió a Juárez incendiar la angeleopolis.

Esa fue la razón por la que Juárez, a sugerencia expresa de Zaragoza, pidiera la intervención en esa batalla de los mejores generales liberales, lidereados por Porfirio Díaz (Oaxaca), Felipe Berriozábal y Jesús González Ortega (Zacatecas), así como los batallones de Veracruz, Querétaro, Ciudad de México, Oaxaca, Toluca y San Luis Potosí.

A pesar del triunfo del ejército nacional, no hubo freno para la invasión francesa y frente a dicha situación, Juárez decidió tomar el archivo de la Nación y sin rendir cuentas a nadie, se preparó para salir de la capital. Tal medida situó en la ilegalidad a la intervención francesa, porque hacía fracasar el objetivo de deponer al gobierno constitucionalmente establecido.

Meses más tarde se dio a conocer un acuerdo, donde se informaba que se establecería una forma de gobierno de monarquía moderada, hereditaria, con un príncipe católico. La Corona Imperial fue ofrecida a Fernando Maximiliano de Habsburgo, mientras Juárez y una comitiva presidencial cada vez más reducida emigraron hasta Paso del Norte.

Maximiliano fue hermano del emperador de Austria, Francisco José. Dicen sus biógrafos que era de carácter sencillo. Su no menos conocida esposa se llamó Carlota Amalia, hija del rey Leopoldo de Bélgica, mujer atractiva y de carácter fuerte, a quien incluso al paso de los años se le compuso un chotis con el titulo de Adiós mama Carlota.

Maximiliano estableció tres requisitos para aceptar la propuesta:

  1. La realización de un plebiscito que le pidiera viniera a gobernar México.
  2. Obtener el apoyo económico y militar de Napoleón III.
  3. Que Francisco José aprobará el proyecto.

Los requisitos fueron satisfechos, el emperador inició el viaje a México, haciendo escala en la santa sede, donde obtuvo la bendición y aprobación del Papa Pio IX.

Los monarquistas le entregaron un documento firmado por la sociedad acaudalada y ultraconservadora, mientras que el pueblo y los liberales serían ignorados. Maximiliano llegó al poder, el cual ostentó del 10 de abril de 1864 y hasta el 15 de mayo de 1867, en tanto el Estado encabezado por Juárez, que nunca dejo de ser autoridad, fue traslado a provincia.

Maximiliano en lugar de reorganizar las fuerzas productivas e impulsar el crecimiento económico para comenzar a redituar frutos del Imperio a Francia, debido a la deuda que había contraído el país con aquella nación europea, se dedicó a realizar acciones completamente opuestas, como la creación del Estatuto Provisional del Imperio , documento que sustituyó a la Constitución, cuyo contenido dio énfasis a las garantías individuales y el emperador representaba la autoridad máxima, lo que estaba en contra de lo dispuesto por Napoleón III.

Fomentó la creación de la Corte y su protocolo, la reorganización de la Academia de San Carlos, la creación del Museo Nacional de Historia Natural y de Arqueología, así como la Academia Imperial de Ciencias y Literatura.

La orientación política del emperador era liberal, al grado tal de que constituyó   un Patronato Imperial para controlar las finanzas del clero, además de otorgar la tolerancia de cultos, pese a que la religión oficial del Imperio era la católica, apostólica y romana.




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