COLABORACIÓN ESPECIAL. Apostarle al Urbanismo Ecológico / Por José Eduardo Romero Ramírez.

31 mayo, 2010

Hoy por hoy, la preocupante realidad del cambio climático, nos plantea serias reflexiones sobre lo que se debe hacer para asegurar una calidad de vida regular, incluso en el extremo, nuestra propia supervivencia como raza humana. La procuración del bienestar ambiental debe convertirse en la piedra angular del desarrollo humano. De entrada hay que dejar muy en claro que sí es la actividad humana la que ha impactado al ambiente, porque todavía hay quienes aseguran que el cambio climático es producto de una evolución natural de nuestro planeta. También hay quienes admiten que ha sido nuestra culpa, pero piensan que preocuparse por el medio ambiente, cuando hay otras “prioridades”, resulta socialmente insensible. Sin embargo, estudios recientes indican que la degradación ambiental influye en la falta de desarrollo económico. Así las cosas, si queremos crecimiento económico que derive en justicia social, igualmente debe haber justicia ambiental.

Dentro de los problemas de la dinámica social contemporánea y la inherente necesidad de gobernantes que tengan un conocimiento sistémico de los mismos, el problema urbano-ecológico se manifiesta como uno apremiante. Partimos de una irremediable condición: la gran mayoría de los seres humanos vivimos en espacios (casi siempre) congestionados llamados ciudades. ¿Cómo tomamos ese hecho y lo transformamos para bien? ¿Cómo nos reorganizamos para seguir viviendo en entornos urbanos? Debemos lograr que las ciudades dejen de pintarse de gris. Tenemos que conseguir que el medio ambiente pueda recuperarse al mismo ritmo que es afectado por la actividad humana. Ya no podemos, en pleno siglo XXI, seguir pensando que el desarrollo urbano y el medio ambiente están desvinculados. Desafortunadamente, en la mayoría de los casos, ya no se puede llevar a cabo una planificación estratégica básica, pues las condiciones están dadas. No obstante, existen muchas adecuaciones y complementos que pueden impactar significativamente rumbo a un urbanismo ecológico para las localidades eminentemente citadinas.

Un punto importante a considerar es la falta de infraestructura y servicios públicos de calidad, que se constituye en el caldo de cultivo para los daños ambientales. En la dotación de servicios públicos debemos integrar mecanismos que los hagan eficientes y ambientalmente amables. Debemos proteger, sostener y cuando se pueda incrementar los pocos espacios verdes que tenemos en estas ciudades; si ya estamos inmersos entre concreto y asfalto, esos últimos pulmones son lo poco que nos garantiza oxígeno y la permeabilidad de los mantos freáticos. De ahí surge una situación también urgente: primero, que se respeten de forma irrestricta las especificaciones normativas sobre áreas libres en las construcciones que así lo requieran, las cuales están, desde luego, para darle cauce a un estética urbanística, pero sobre todo con fines ambientales; segundo, que dentro de la planeación urbana se debe instaurar como obligación de los particulares sustentar sus obras con materiales de tipo permeable, de tal forma que la terrible problemática del agua pueda ser mitigada. Afortunadamente, estas son acciones que ya está tomando la entidad de Desarrollo Urbano de la actual administración pública tlalnepantlense.

Nuestra transportación también es un factor que impacta en la crisis del urbanismo desenfrenado. El uso desmedido del automóvil es algo a combatirse, pero de forma integral, porque siempre es fácil decir “el que usa coche de forma desmedida lo hace arbitrariamente, porque existen otros medios”. Sí y no. Mientras que las autoridades competentes no garanticen medios de transporte públicos accesibles, eficientes, pero sobre todo seguros, la ciudadanía que está en condiciones de hacerlo no se va a volcar hacia ellos. Lamentablemente, la problemática de seguridad que se vive en los medios de transporte público genera una cierta aversión para quien ya vio en el vehículo particular un espacio de confort y de seguridad, a pesar de que en el fondo no lo resuelve de ninguna manera, incluso lo empeora. Nadie puede decir que invertir varias horas muertas en el pesado tránsito de las horas pico pueda llamársele “confort”. También está la parte concerniente a los servicios públicos, bajo un esquema muy sencillo: las calles llenas de baches complican todavía más el tránsito vehicular, lo cual incrementa la contaminación. El ordenamiento urbano nos ayudaría a despejar áreas imposibles y darle cauce a la fluidez vehicular, a través de la dispersión de las actividades de gran concentración poblacional. En pocas palabras, el proceso de crecimiento urbano desordenado acarrea un deterioro de las condiciones ambientales del lugar en general.


Para concretar una realidad de urbanismo ecológico, existen varias propuestas, por ejemplo: los subsidios para adecuaciones ecológicas a las viviendas y las azoteas verdes, entre otras. Desde luego, es necesario que se incentiven estos cambios de forma económica. Algunas instituciones de vivienda en el país (las mismas que el gobierno federal pretende desaparecer), ya están metidas en este tipo de programas donde el crédito para vivienda se hace mayor para cubrir los aditamentos ecológicos de los hogares. No obstante, todos, ya sea a través de instituciones de gobierno, crediticias o en lo particular, debemos darnos cuenta que la inversión en este tipo de aditamentos nos genera ahorros importantes en el mediano plazo: los focos ecológicos duran más y requieren de menos energía; el sanitario ahorrador de agua economiza nuestro consumo de ella; los calentadores solares reducen el gasto en gas. Las azoteas verdes son aditamentos fundamentalmente hechos para las ciudades que se han quedado -por descuido gubernamental histórico o por el crecimiento natural de las urbes- inmersas en una lógica ajena a los grandes espacios verdes, como puede ser el caso de Tlalnepantla. Una proposición sería que en la zona Centro tuviéramos azoteas verdes en todos los grandes edificios. Cabe comentar que el recientemente anunciado proyecto Centro Urbano Regional de la administración 2009-2012 presidida por Arturo Ugalde Meneses, detonará ambiciosamente todo el centro del municipio, gracias a la recuperación de la identidad municipal, el aprovechamiento de la situación geográfica para atraer inversiones habitacionales y empresariales, así como el reordenamiento de los espacios públicos y de la zona industrial, a la cual se buscará hacer ambientalmente amigable. Pasos importantísimos con miras a, justamente, apostarle al urbanismo ecológico.

Hay otros factores a considerarse en este debate ambiental sobre alternativas en las que podemos fincar soluciones a través de los instrumentos probados que ya tenemos. Si bien me considero una persona de soluciones de centro-izquierda, no se puede dejar de admitir que -como alguna vez me lo dijo una gran maestra mía- es el capitalismo el sistema más eficiente que hemos encontrado para organizarnos como humanidad, aunque no sea justo per se. Y es que es cierto, los sistemas económicos no son justos por sí mismos, eficientes pueden llegar a serlo solos (de ahí el concepto de la Mano Invisible), pero la justicia se la abonamos nosotros los humanos, como individuos entendidos sobre nuestra coexistencia en sociedad. Entonces, considerando esto, debemos fundamentar el sustento ecológico en el capitalismo precisamente. Apostarle a la compra de bonos de compensación de carbono, individuos, empresas y gobiernos, es una forma accesible y prudente de solucionar el impacto que hagamos en lo particular, a sabiendas de que el impacto ambiental por nuestra actividad cotidiana difícilmente podrá ser eliminado, dado que nunca dejaremos de hacer nuestras vidas. Estos bonos financian proyectos que reducen las emisiones de gases invernadero a través de múltiples acciones, que van desde desarrollar energías renovables hasta restaurar bosques. A lo mejor ir más allá de apostarle en este caso, hacerlos obligatorios.

Hay algo que forzosamente debe quedarnos claro: la solución política del problema ambiental está en cada uno de nosotros. Primero, eligiendo a quiénes conozcan del tema y, segundo, exigiendo que lo lleven a cabo. Para que se deje de ignorar lo que nos preocupa, debemos informarnos e involucrarnos. De otra forma seguiremos condenados a no resolver el grave problema del deterioro ambiental, del cual dependemos nuestras familias, nosotros mismos, nuestra existencia.

*El Articulista es Presidente Municipal Suplente del H. Ayuntamiento de Tlalnepantla 2009-2012, Coordinador General de la COPLADEMUN de Tlalnepantla, y presidente de la Fundación Romero por una Participación Ciudadana, A.C., Politólogo por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM); fue asistente del director de la licenciatura e integrante de la Facultad Menor de Ciencia Política, cargo que ocupan los alumnos más destacados de la carrera. Analista político en el Gabinete de Comunicación Estratégica, dirigido por Federico Berrueto y Liébano Sáenz. Coordinó el equipo de Atención y Gestión al Público del área de Cobranza en la Delegación del Estado de México del Instituto Nacional del Fondo para la Vivienda de los Trabajadores (INFONAVIT), en Tlalnepantla. En 2007, fue nombrado por el Comité Directivo Estatal del Frente Juvenil Revolucionario, como coordinador especial del FJR en Tlalnepantla. Colaborador Especial del Portal de Noticias, Política y Estilo.




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Rodrigo Zenteno

Buen artículo, ahora de lo que se trata es de tener una versión nativa sobre nuestra problemàtica y las propuestas viables que se podrían implementar en esta parte de la Zona Metropolitana del Valle de México. Te mando un abrazo, saludos