COLABORACIÓN ESPECIAL. Atender a la Juventud es Impulsar su Desarrollo / Por José Eduardo Romero Ramírez.

3 octubre, 2010

La juventud necesita rumbo y canales de participación digna en la sociedad. Esa es la cuestión apremiante. No sólo los jóvenes, pero sí especialmente si consideramos que representan arriba de la mitad de la población mundial. Estamos viviendo en un mundo de jóvenes y son los jóvenes por donde está haciendo agua el barco. La falta de valores es el punto de partida, aunque en el trayecto se topa con instituciones añejas y rebasadas, que no dan cauce a las múltiples y novedosas demandas de este sector poblacional.  No es malo que haya más diversidad, pero sí es malo que no haya la oportuna respuesta de quienes participamos en la cosa pública y desde ahí diseñamos políticas, promovemos acciones y programas, o legislamos.

Como bien decía John Rawls con respecto a que las democracias liberales no pueden abarcar a todas las expresiones existentes en la sociedad (doctrina comprehensiva), particularmente las que buscan la destrucción de la misma, no obstante ello es importante hacer una nueva “fotografía” de la realidad cada cuanto, máxime en un mundo donde los cambios se han vuelto tan vertiginosos y sus principales receptáculos son precisamente las nuevas generaciones.Renovar las instituciones -a través de las mismas instituciones, por supuesto- debe ser una obligación primordial de quien sirve públicamente, atendiendo las nuevas demandas y actualizándose con respecto a las posibles soluciones de éstas.

Lamentablemente, en el caso mexicano, no nos hemos encontrado con esta situación. Todo lo contrario. La mayoría de los gobiernos circunscribe el tema de la juventud a esferas mínimas. Eso no abona a una resolución integral de la problemática juvenil, más bien la ahonda. Estudios recientes nos dicen que los jóvenes abandonan los estudios por falta de recursos, sí, pero notablemente por una especie de hartazgo hacia el estudio mismo. Llanamente los jóvenes se “aburren”, pero no es un aburrimiento propio de la obligación por ir a estudiar, sino por la perspectiva desde la que se está abordando la educación. Es decir, el aburrimiento proviene de una institución obsoleta. Tal cual decía antes, no hemos renovado la “fotografía” de la institución educativa democrática. Y así mismo ocurre con otros ámbitos.

Son los jóvenes los primeros en riesgo por el tema del narcotráfico. Mucho se ha dicho que la falta de oportunidades, específicamente oportunidades de calidad, acercan a la población vulnerable -en este caso los de menor edad- al “dinero fácil” propio de las actividades ilícitas. Así ocurre, pero este factor básico encuentra un caldo de cultivo bastante pródigo en la falta de valores familiares y cívicos. Una férrea voluntad sobre lo “bueno” en términos convencionales bien podría detener o al menos complicar el ingreso de los jóvenes a la delincuencia.

Con tristeza podemos ver que no es de esta forma, pues hace tiempo que estos valores se han diluido. Hace apenas unos años, escribía sobre la cultura política en México y sus mitos, donde manifestaba que los mexicanos encontrábamos serios problemas en generar capital social, particularmente por ser una sociedad desconfiada hacia el otro. Sin embargo, en el ámbito familiar se observaba un remanso en el cual podíamos ser como tales y cuyos lazos eran tan firmes que sólo ahí nos abríamos.[1]

Hoy en día, este caos cotidiano nos muestra, con increíble desconcierto para muchos, que ni siquiera el seno familiar resulta ya un oasis para los mexicanos. ¿En dónde encontrarán los jóvenes su identidad y sus valores sino es a través de la familia como núcleo interactivo?

Desde luego, hay una incapacidad institucional para captar las demandas de este sector de la población, una gran cantidad de personas que no logran encontrar un espacio propio en el desenvolvimiento de la sociedad. ¿Qué pasa si hay alguien que se siente fuera de lugar? En el mejor de los casos se aísla; en el peor, se vuelve contra la mayoría en los términos más destructivos. ¿Podemos darnos ese lujo? ¿Podemos correr ese riesgo?

La atención se vuelve apremiante cuando vemos en los hechos que las carencias institucionales redundan en nuevos patrones sociales, como están siéndolo la generación NI-NI o la generación DINKY. La primera compuesta por todos aquellos jóvenes que ni estudian ni trabajan, por falta de oportunidades institucionales; la segunda es la de las parejas jóvenes que trabajan, pero que han decidido no tener hijos a causa de la crisis financiera, la inseguridad pública y la incertidumbre laboral.

La generación NI-NI es la que dota al narcotráfico de su mano de obra más barata y efectiva. El que alguien no estudie ni trabaje no sólo significa eso, sino que se retrae de la actividad social, que lo vuelve afectivo y lo integra a la comunidad. Por otra parte, la generación DINKY es la mejor muestra de lo inciertas que se han vuelto nuestras vidas y de la imposición de lo material por sobre todas las cosas. Las familias tienden a desaparecer obligada o voluntariamente.

Y aquí es donde viene la parte política. Los actores que pretenden dar “solución” a estos nuevos esquemas son los mismos que participaban en el ámbito público hace treinta años, intentando resolver nuevos problemas con ideas de ese entonces. Buscan curar nuevas enfermedades con la medicina de siempre. Siguen enfrascados en debates posteriores a la Segunda Guerra Mundial, mientras ya está bien entrado el siglo XXI. Pocos, poquísimos de esos actores le apuestan a la actualización, a la contextualización, al cambio.

Es entonces cuando la participación de los jóvenes en política se vuelve absolutamente necesaria, para refrescar estas ideas y ofrecer nuevas perspectivas. No desvinculados de lo que fue, porque eso abona, pero sí de forma preponderante para innovar en lo que no se ha podido resolver desde hace tiempo.

Las condiciones de la pobreza siempre han existido, solamente que hoy en día el acceso generalizado a cierta información mediática nos ha hecho creer en que lo frívolo y superficial es necesidad básica; antes los esfuerzos se enfocaban a salir de la misma a partir del trabajo de toda una vida. Hoy, la misma inmediatez de los medios es la inmediatez con la que se hace creer que el escalamiento socioeconómico debe ocurrir. Esto abona a la frustración.

Una sociedad frustrada se convierte en una sociedad violenta. De ahí los constantes casos que vemos de violencia intrafamiliar, bullying y tantas otras agresiones cotidianas. Por otra parte, el suicidio en los jóvenes es el último y más terrible efecto de la falta de oportunidades, de redes de apoyo familiar y de sentido de pertenencia social, además de la frustración por no tener lo que ven tan sencillo de lograr en los medios. Si la experiencia de vida en este sector no es lo suficientemente maravillosa como para pensar que es mejor no vivirla, se cae en una salida fácil más. La peor, la última.

Se necesitan políticas integrales, pero en especial voluntad y una nueva forma de vivir la realidad y concebirla para atender sus problemáticas diversas. Actualizar la “fotografía” se vuelve imperioso, porque no vamos a conseguir un verdadero desarrollo social sin una juventud pujante y para conseguirla se tienen que atender múltiples causas que provienen de circunstancias tan recientes que, desde luego, las instituciones no han captado.

De ahí que los legisladores deben ser verdaderamente sensibles al entorno y a quienes representan. Parte fundamental es la educación en un estricto sentido académico, reformarla y volverla atractiva a las nuevas generaciones, que se enganchen con su propia experiencia pedagógica, pero también lo es el rescate y promoción de valores cívicos y familiares, la activación de la economía a través de nuevos y atractivos formatos impulsados por estas nuevas generaciones que no encuentran su espacio. Igualmente lo relativo al entretenimiento, la cultura y el deporte. Todo como parte de una experiencia integral de vida. Así las cosas, atender a la juventud será una palanca para el desarrollo de nuestro país.

[1] Romero Ramírez, José Eduardo. “Mexicanos excepcionales: sobre los mitos de la cultura política en México”, Opción, ITAM, año XXVII, no. 142, marzo 2007.

*El Articulista es Presidente Municipal Suplente del H. Ayuntamiento de Tlalnepantla 2009-2012, Coordinador General de la COPLADEMUN de Tlalnepantla, y presidente de la Fundación Romero por una Participación Ciudadana, A.C., Egresado en Ciencia Política por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM); fue asistente del director de la licenciatura e integrante de la Facultad Menor de Ciencia Política, cargo que ocupan los alumnos más destacados de la carrera. Analista político en el Gabinete de Comunicación Estratégica, dirigido por Federico Berrueto y Liébano Sáenz. Coordinó el equipo de Atención y Gestión al Público del área de Cobranza en la Delegación del Estado de México del Instituto Nacional del Fondo para la Vivienda de los Trabajadores (INFONAVIT), en Tlalnepantla. En 2007, fue nombrado por el Comité Directivo Estatal del Frente Juvenil Revolucionario, como coordinador especial del FJR en Tlalnepantla.





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