De lo local a lo internacional: la importancia de las agendas municipales

9 febrero, 2018

Hablar de desigualdad es hablar de la pérdida del equilibrio de poder y la existencia de una brecha considerable entre grupos sociales, oportunidades para el desarrollo y acceso a la educación. Incluso hasta se ha asociado tradicionalmente la idea de que a mayor modernización mayor desigualdad. Y es justamente en el ámbito local, donde se originan las desigualdades más profundas. De ahí la relevancia de las agendas municipales para el desarrollo.

Cuando pensamos en la agenda internacional, automáticamente nos remitimos a la visión global desde la que se construyen iniciativas regionales para erradicar los grandes problemas que aquejan (y han aquejado) a la humanidad desde hace ya varios años.

Sin embargo, desde el lanzamiento de los Objetivos del Milenio para el Desarrollo (MDG por sus siglas en inglés) la comunidad internacional reivindicó el ámbito local como un espacio en el que se debe generar las iniciativas necesarias para el óptimo desarrollo de la agenda internacional.

De esta manera, los territorios locales (municipalidades, alcaldías, condados, etc) han cobrado especial relevancia en su acción para desarrollar una agenda que la generación de políticas públicas nacionales que imparten globalmente.

Ante los desafíos y coyunturas por las que atraviesa el mundo el día de hoy, pensar en una agenda para el desarrollo nos resulta sencillo sí seguimos con una visión localista que permita involucrar a la sociedad civil con participaciones puntuales y acompañadas de estrategias de vinculación nacional e internacional.

Tal es el caso de la iniciativa E9 que logra reunir a los nueve países más poblados del mundo y entre los cuáles; por supuesto, está México (acompañado de Bangladesh, Brasil, China, Egipto, India, Indonesia, Nigeria y Pakistán).

Pareciera que por la diversidad geográfica, económica y cultural que prevalece entre los países incluidos en este grupo no hay razón alguna para agruparlos y mucho menos para desarrollar una agenda común.

Sin embargo, en este bloque se encuentran también, los países con la mayor concentración de problemas sociales y la mayor desigualdad, esto de manera natural teniendo a la mayor cantidad de habitantes sobre la Tierra.

De esta forma, los países del E9 han estado vinculados para la creación de políticas públicas para erradicar el analfabetismo y el rezago educativo; por poner un ejemplo.

Así pues, el E9 realiza actividades locales con un impacto global que fortalece las iniciativas de la UNESCO y que apuntan hacia la Educación Para Todos. Buscando el acceso irrestricto a la educación para niñas y mujeres, los gobiernos de los países del E9 han trabajado acciones para la integración de comunidades educativas y espacios productivos para el empoderamiento de las niñas y las mujeres.

Como este ejemplo, hay otros más, todos derivados de la agenda para el Desarrollo Sostenible, que desde el 2015 busca que para el 2030 la comunidad internacional cuente con iniciativas sólidas generadas desde lo local para fortalecer el ámbito global.

Ante el debilitamiento del liberalismo y el resurgimiento del populismo, los gobiernos de los países deben buscar el consenso y la unidad nacional a fin de homologar posturas frente a los retos y amenazas que se viven hoy en día.

Sí las agendas nacionales logran desarrollar políticas públicas sólidas y con una visión de mediano y largo plazo, seguramente los Objetivos para el Desarrollo Sostenible (que son subsecuentes a las Metas del Milenio) serán más que un listado de anhelos comunitarios y pasarán finalmente a ser un plan de acción que se ejecute eficientemente y con resultados más contundentes en el abatimiento a la desigualdad.

Lograr el diseño de presupuestos y políticas públicas con perspectiva de género es una tarea que aún está pendiente, pero que sin lugar a dudas coadyuvará al desarrollo de modelos locales de planeación que acorten paulatinamente las brechas de disparidad partiendo desde lo local.

La desigualdad en el siglo XXI no recae únicamente en la disparidad de ingreso o poder adquisitivo, ni tampoco en la falta de oportunidades para todos los grupos sociales. La desigualdad en el siglo XXI , también es la falta de consenso y de unidad nacional. La falta de una base social que permita el desarrollo de cada uno de los sectores de la población que integran una comunidad, un país o una región.

Artículo de Arlene Ramirez-Uresti, internacionalista.

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