EDITORIAL. De la Ley del Talión, a la Intolerancia Religiosa en México.

31 julio, 2011

Uno de los casos más terribles que padecen las mujeres asentadas en medio oriente, es la falta de garantías hacia su persona. En países como Irak, Irán, Arabia, Libia, por mencionar sólo a algunos, el sector femenino tiende a retroceder en su desarrollo humano, tal es el caso de la presión internacional sobre Ameneh Bahramí, para que desistiera a realizar la llamada “Ley del Talión”.

Ameneh Bahramí, es una mujer iraní, a la que un pretendiente despechado dejó ciega al arrojarle ácido en su cara. De acuerdo con la legislación de Irán, el responsable de tal atrocidad, Majid Mohavedí, había sido condenado a sufrir la misma pena que infligió a su víctima y sólo ella podía pedir que se le conmutara. Ahora, Bahramí solicita a cambio que el agresor la compense con 150.000 euros para financiar su tratamiento médico.

La agencia noticiosa oficialista de aquel país, ISNA, informó que la televisión iraní mostró imágenes de la mujer en una sala de hospital con su agresor arrodillado a la espera de que ella le echara unas gotas de ácido en los ojos, lo cual nunca sucedió, dejando a la mujer como ejemplo de valentía y verdadero perdón hacia su agresor.

Sin embargo, el verdadero debate se centra en porqué Amnistía Internacional no tuvo reparo en realizar una campaña global, pidiendo que la mujer conmutara a su victimario, pero al mismo tiempo, no ha sido capaz esta instancia defensora de los derechos humanos, en alzar la voz porque las mujeres de Irán, tengan la misma oportunidad de ser consideradas como “personas normales”, atándolas desde su legislación a un segundo plano.

En el mismo orden, pero en México, la ley ha “protegido” el derecho de las mujeres; pero esto no ha servido para que miles de mujeres indígenas, por lo regular, las que habitan en el sureste del país, hayan tenido que soportar infinidad de atrocidades, que van desde el casamiento de niñas de 10 años con hombres adultos, incluso ya casi ancianos; hasta el intercambio de ropa, comida o algún terreno, a cambio de entregar a la esposa o hija.

Bajo este aspecto, es digno de reconocer el trabajo de la diputada federal ecologista, Rosario Brindis Álvarez, quien ha encausado una lucha interminable, a favor de los grupos minoritarios, promoviendo el respeto a la libertad de culto en los rincones más pobres del país. Esto, considerando que la intolerancia religiosa, ha desatado expulsiones masivas de familias que por no practicar la religión católica, son obligadas a dejar sus casas y pertenencias.

Dichos casos, se han fortalecido últimamente en varias regiones del país, especialmente en Hidalgo, Oaxaca, Chiapas, Veracruz, y últimamente, en Jalisco, donde el gobernador, Emilio González Márquez,  dispuso de los recursos de los contribuyentes, para hacer un espectacular homenaje al obispo católico, Juan Sandoval Íñiguez, valorando esta ceremonia en millones de pesos. (PyE)

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