“Puto”: de lo gracioso, a la miseria social

28 junio 2014

México_Brasil

“PUTO”, debería ser más que un pretencioso y popular tema de debate, una bofetada reflexiva para la conciencia personal. Tres complacientes generaciones, engendradas en la mediocridad inercial de un México de mediados del siglo pasado, no nos dan derecho a los “adultos”, para justificar en los niños y jóvenes el uso de un lenguaje, que según nosotros, es inofensivo, usual y hasta divertido.

Un enorme grupo de mexicanos han llevado más allá de nuestras fronteras -a ojos y oídos del mundo- nuestros despojos sociales, nuestra “cultura”, una patética ensalada de sombreros charros, anacrónicos chapulines colorados, enmascarados de plata y la gran novedad, el mediático grito de “PUTO”. Insulto multitudinario-porque sólo así se tiene el valor de hacerlo- al portero contrario.

Seguro muchos han notado el factor común en estas maneras de expresión; efectivamente, todas y cada una de ellas, son resultado del pobre sistema educativo nacional del siglo pasado.

Por supuesto que es usual y claro que la mayoría de nosotros (me incluyo) lo hemos utilizado en algún momento. De hecho, recientemente hay quien lo ha considerado como parte de la libertad de expresión. No señor, nadie puede transgredir el derecho de otro; nadie, puede violentar el derecho a ser respetado por condición, creencia o género.

Otros más argumentan que se trata de un modo divertido de apoyo grupal en los estadios de fútbol, en masa; claro que tiene que ser en “masa”, porque seguramente muy pocos se atreverían a interpelar a un jugador profesional, a un personaje público que indudablemente incomoda, transgrede y frustra el incisivo e incansable dardo de la Ola Verde.

¿Cómo le explicó a mis hijos que una Federación Internacional, le tolera a todos los mexicanos, el seguir revolcándonos en nuestros desechos culturales? ¿Cómo los encamino a un futuro mejor, si su presente es ese? Yo no quiero que entre ellos se llamen PUTO o PUTA, sólo porque es USUAL.

El mundo, ya sabe cómo somos, ya nos desahuciaron…pero así, somos felices.

Por Songoro Cosongo (@erremarketing)




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