El Clero, por Encima de la Promesa Bíblica / Por Rodolfo Rocha Garnica.

30 marzo 2010

En la denominada Semana Santa, destacan en México las escenificaciones que se llevan a cabo en varios puntos de la República, desde la mal llamada Pasión en Iztapalapa- con sus respectivas copias como las del pueblo de San Martín Tepetlixpan en Cuautitlán Izcalli y el municipio de Teoloyucan en la entidad mexiquense- en cuyas  representaciones abunda más la ingesta de alcohol que la fe.

Las anteriores sin dejar de mencionar la también mal enfocada Procesión del Silencio en Taxco, Guerrero, sitio turístico donde en el colmo del fanatismo católico un buen número de personas deciden flagelarse en público, cargando en sus hombros gruesas ramas llenas de espinas y la sangre chorrea por sus espaldas, ante el asombro de propios y extraños, sobre todo niños obligados por sus padres a observar dicha escenificación violenta.

Sin embargo, como mencionamos en colaboraciones anteriores, la complacencia de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana ante tales rituales es indignante.

Muchos se preguntaran entonces,  qué caso tuvo el sacrificio de Jesucristo hace mil 977 años, sobre todo porque en la Biblia se afirma algo contundente: su crucifixión vino a sustituir el sacrificio de corderos- los cuales se utilizaban durante la época de la Ley de Moisés para ofrecer perdón a Jehová- y redimió(es decir exoneró) a la humanidad de posteriores inmolaciones.

Pero parece que dicha promesa divina no es válida para la jerarquía católica, a pesar de que se encuentra presente en cada uno de los cuatro evangelios y en las epístolas del Nuevo Testamento.

La única manera de explicarnos el porqué de tales escenificaciones  es por el caudal de dinero y la derrama económica que representan, confirmando una vez más que la Iglesia se preocupa más por fincar su poder terrenal antes que el divino. ¿O no señores prelados?




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