El Legado Político, de la “Dama de Hierro”.

8 marzo 2010

El 19 de enero de 1976, Thatcher hizo un discurso en el ayuntamiento de Kensington en el cual hizo un feroz ataque a la Unión Soviética. La parte más famosa de su discurso dice: «Los rusos están inclinados hacía la dominación del mundo, y están adquiriendo rápidamente los medios para convertirse en la nación imperial más poderosa que el mundo haya visto. Los hombres del Politburó soviético no tienen que preocuparse de los altibajos de la opinión pública. Ellos ponen las armas antes que la mantequilla, mientras que nosotros ponemos cualquier cosa antes que las pistolas.» En respuesta, el diario del ministro de defensa soviético Krasnaya Zvezda (Estrella Roja) le dio el sobrenombre de la dama de hierro, el cual fue rápidamente publicitado por Radio Moscú. Thatcher se deleitó con el sobrenombre y pronto se convirtió en una asociación con su imagen de carácter inquebrantable y firme.

Margaret Thatcher junto a Helmut Kohl, Juan Pablo II, y su gran aliado durante toda la década de los años 1980, Ronald Reagan, ha sido una de las figuras históricas más importantes en ayudar al derrumbamiento del telón de acero y de los regímenes comunistas de Europa del Este. Muchos ciudadanos británicos recuerdan dónde estaban y qué estaban haciendo cuando escucharon que Margaret Thatcher dimitía y cuáles fueron sus reacciones. Dado el clima ideológico político de aquel tiempo, Margaret Thatcher provocó reacciones positivas y negativas desde las diferentes caras del espectro político.

Desde el punto de vista del público británico las impresiones sobre Margaret Thatcher son muy variadas. Una clara muestra de la división de opinión sobre el liderazgo de Thatcher se pueden encontrar en recientes encuestas televisivas: Thatcher aparece en el número 16 del año 2002 en la lista de los «100 mejores ingleses», el cual es el puesto más alto ocupado por una persona viva. En cambio, también aparece en la lista del 2003 de los «100 peores ingleses», ocupando el puesto número 3, el cual es el peor puesto ocupado por una persona viva, con poca diferencia con el Primer Ministro laborista Tony Blair. Al final, no obstante, pocos pueden discutir que no ha habido ninguna mujer que haya jugado un papel más importante en el escenario mundial en el siglo XX.




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