El Papa Francisco y la integración de América / Por Yizbeleni Gallardo

23 julio 2015

El pasado 9 julio ante la presencia de representantes de sectores sociales que históricamente han permanecido marginados, excluidos, explotados y engañados, fuimos testigos de un planteamiento renovador, atrevido y esperanzador para los latinoamericanos.

El Papa Francisco se ha puesto al frente del cambio en la región. “Este sistema ya no se aguanta” exclamaba el sumo pontífice y estremecía a los presentes.

La frase con la que inicia su discurso: “Dios escucha el clamor de su pueblo” es de una profundidad religiosa, ideológica y política tremenda. No sólo le imprime una sensibilidad bíblica que atrae al espectador e identifica por igual a judíos, musulmanes y cristianos, sino lo coloca como el líder religioso (y me atrevería a decir político) más importante del mundo y lo sitúa en la posición y en la enorme responsabilidad de libertador.

Es la frase que el mismo Dios le da a Moisés y que marca el inicio de su misión como liberador del pueblo judío quien era vejado por los egipcios. Es en ese contexto de esclavitud al que Francisco nos remonta con dicha frase, y nos da un golpe de realidad al mundo entero: “Que el clamor de los excluidos se escuche en América Latina y en toda la tierra”.

Francisco le da reconocimiento a una realidad resquebrajada (que está subyacente en el gen de nuestros pueblos) y plantea la integración de Latinoamérica como palanca indispensable para hacernos oír en un mundo atrincherado egoístamente en grandes bloques políticos- económicos y muy poco dispuesto a ceder posiciones.

Los pasos a seguir para el resurgimiento de la región han quedado muy claros y son los siguientes:

1. Poner la economía al servicio de los pueblos, no al servicio del dinero.

*No a la economía de exclusión e inequidad donde el dinero reina en lugar del servir, esa economía mata, destruye al planeta.

*No a la acumulación, si a la distribución. Debe ser una economía de inspiración cristiana en la que esté prevista la dignidad y prosperidad sin exceptuar bien alguno (Juan XXII), donde exista pleno acceso salud, a la innovación, a las artes, a la comunicación, al deporte y a la recreación.

*Infancia sin carencias, desarrollar talentos en la juventud y en la vejez acceder a una digna jubilación.

*Acabar con los planes asistenciales y generar una verdadera inclusión.

*Fortalecer la economía popular y comunitaria

*Que el Estado y las Organizaciones de la Sociedad Civil, juntos activen las “tres T”: Tierra, Trabajo y Techo en una democracia plena y participativa.

2. Trabajar en la construcción de la “Patria Grande”

*Unir a los pueblos en el camino de la paz y la justicia, hacerlos artífices de su propio destino sin tutelajes e injerencias donde el más fuerte subordina.

*Generar una verdadera integración respetando cultura, idioma, procesos sociales y tradiciones.

*Ningún poder fáctico puede privar a una nación del pleno ejercicio de su soberanía y cuando lo hacen, surgen nuevas formas de colonialismo que alteran posibilidades de paz y justicia.

*Interacción no es subordinación de unos en servicios de otros. ”Digamos no al nuevo colonialismo si al encuentro entre pueblos y cultura, felices los que trabajan por la paz. NUESTRA FÉ ES REVOLUCIONARIA, NUESTRA FE DESAFÍA LA TIRANÍA DEL ÍDOLO DINERO”.

3. Defender la tierra, la casa común.

*Los pueblos están llamados a movilizarse y exigir pacíficamente pero tajantemente la defensa de la madre tierra.

El Papa Francisco ha levantado la voz, puso la maquinaria de la transformación y la integración latinoamericana a andar y colocó en nuestras manos la responsabilidad y la posibilidad del cambio que tanto necesitamos.

Las directrices ya las tenemos, ahora pongámonos en marcha en la construcción de la integración, la paz, prosperidad y justicia de nuestros pueblos, desde el Río Bravo hasta la Patagonia.

@Yizis




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