Enrique Peña Nieto, y su obsesión por Andrés Manuel López Obrador

29 julio 2015

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No hay momento más triste para el ser humano, que el verse rebasado por las circunstancias; un hombre, no puede darse el lujo de andar por la vida siendo un mantenido, un embustero, un parásito, un bueno para nada.

Se entiende que la vida misma es lucha constante, desafío continuo, reto magnífico.

Pero esto no lo sabe Enrique Peña Nieto, y eso es lo más aterrador; nuestro “presidente”, dista mucho de ser un hombre ejemplar y un político respetado, ya no hablemos de que es estimado o querido por el pueblo al que supuestamente “gobierna”.

Lo que dijo el “presidente de México”, el pasado fin de semana en su encuentro con el partido político que lo llevó al poder, es tan penoso y vergonzante, que ni el más orgulloso militante, pudo haberse sentido satisfecho ante el discurso que pronunció el “priista número uno del país”.

Peña Nieto, fue a la sede del PRI en Insurgentes Norte, a rogarles a sus secretarios que no se adelanten a la sucesión presidencial de 2018, lo cual está totalmente fuera de lugar, porque él mismo ha alentado esa sucesión ante su incapacidad de gobernar.

Por supuesto, Luis Videgaray Caso y Miguel Ángel Osorio Chong, aplaudieron las palabras (in) directas de Peña Nieto; pero por dentro, han de haber pensado que nada ni nadie (incluyendo al presidente), los podrá detener en su camino hacia a Los Pinos, aunque falten tres años.

Al principio del artículo, escribía sobre los triste que ha de ser para una persona el verse rebasado por las circunstancias, y eso es lo que le ha pasado a Enrique Peña Nieto; a su alrededor, solo hay un grupo de 10 personas que lo apoyan incondicionalmente.

Sin embargo, a sus espaldas, a sus costados, y en su frente, el presidente es víctima de su propia debilidad política; no hay en estos momentos un solo miembro del gabinete legal, que le sea fiel o que respalde sus decisiones, y aún en el caso de que así lo hicieran, en un ratito se arrepienten y comienzan a conspirar contra él.

Peña Nieto, está tan desesperado, que descarga su rabia, ira y coraje, en sus opositores, para no quedarse con esa amargura que lleva por dentro; para quienes no lo notaron, el Ejecutivo Federal, trasladó a Andrés Manuel López Obrador, a las instalaciones del PRI, no físicamente pero sí en pensamiento.

Hoy la sombra del populismo y la demagogia amenaza a las sociedades democráticas del mundo. En varias naciones están surgiendo opciones políticas que en su ambición de poder prometen soluciones mágicas, que en realidad terminan por empobrecer a las familias y restringir la libertades ciudadanas.

“Las consecuencias de esta nueva ola populista son graves; sus costos se advierten ya en la experiencia que viven otras naciones. Las decisiones populistas, demagógicas e irresponsables, destruyen en sólo unos días lo que llevó décadas de esfuerzo institucional construir”, indicó el mandatario federal ante el asombro de quienes lo escucharon.

¿Y cómo sabe Peña Nieto que su gobierno no es populista y demagogo?

¿Cómo puede vivir el mandatario teniendo siempre en su mente a López Obrador?

Porque si estas palabras no fueron dirigidas al Peje, entonces los locos somos otros.

Enrique Peña Nieto, ha sido rebasado por las circunstancias políticas, sociales, económicas, personales, familiares; su aspecto delgado cadavérico, ofrece un panorama mucho más desalentador.

México está en crisis, y el presidente ya dobló las manos.

Por Luis Enrique Rocha. @luis_journalist




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