Eruviel Ávila, contaminado

18 marzo 2016
Mancera, Pacchiano y el gobernador mexiquense
Mancera, Pacchiano y el gobernador mexiquense

El gobernador del Estado de México, enfrentó uno de sus mayores retos desde que asumió dicha responsabilidad política: el separar (al menos por un momento) sus ambiciones personales, para beneficiar a su ciudadanía.

La oportunidad que tuvo el mandatario mexiquense -de quedar bien ante millones de personas-, provino paradójicamente de una crisis política y social, generada por la grave contaminación ambiental que asfixió literalmente a la Ciudad de México y a la zona conurbada del Valle de México.

El gran acierto que se le reconoció a Eruviel Ávila Villegas (aunque sea por unas horas), fue el ponerle un alto a Miguel Ángel Mancera, señalándole que los municipios mexiquenses ya no recibirían más basura de la capital del país.

Esto por supuesto, fue visto más como una estrategia para atraer los reflectores de los medios de comunicación, quienes mostraron a un gobernador serio, molesto, preocupado, pero sobre todo, responsable y defensor del pueblo que gobierna.

Por desgracia, el gusto para los mexiquenses solo duró 24 horas, porque sin mayor explicación, Ávila Villegas cambió de parecer y abrió una vez más las puertas del Estado de México a toda la basura de la Ciudad de México.

Aquí hay que aclarar algo: eso de que “cambió de parecer” es un decir, porque él recibió la orden directa de Enrique Peña Nieto de no confrontar al Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, dadas las condiciones políticas electorales que se viven y que se avecinan.

En pocas palabras, al presidente le vale si contamina más al pueblo que gobernó y que lo encumbró hasta la Presidencia de la República. Está por demás subrayar, que en estos momentos, lo único que le importa al esposo de la Gaviota es evitar todo tipo de confrontaciones con figuras políticas a nivel nacional.

Claro, la excepción siempre será López Obrador; pero de ahí en fuera, el inquilino de Los Pinos, desea llevar la fiesta en paz al menos en los próximos dos años que le falta a su administración. La preocupación real de Peña es tener a la mano números y estadísticas que le muestran que el PRI no ganará en 2018.

Ante ese escenario, el presidente le solicitó a Eruviel no pelearse con Mancera…y así fue.

Es en estos planteamientos donde encontramos la respuesta correcta del por qué la crisis ambiental en la Ciudad de México y en el Valle de México: intereses políticos y económicos, compadrazgos, amiguismos, oportunismo, mafia, corrupción, transas, y todo lo malo que podamos imaginar de la política mexicana.

¿Por qué Eruviel se rindió tan fácilmente? ¿Habrán sido los datos duros que señalan a los municipios mexiquenses como los responsables del colapso ambiental?¿Le habrán enseñado a Eruviel cómo el transporte público de Ecatepec, Naucalpan, Tlalnepantla, Atizapán de Zaragoza, Coacalco y Cuautitlán Izcalli, son el pilar principal de tanta contaminación? ¿Será que acaso solo fue la orden del presidente para que Ávila Villegas bajara los brazos?

Hay que decirlo con todas sus letras: el Edomex es un caos, y nadie hace nada por revertir esa condición.

Después de la tormenta, Eruviel y Mancera se abrazaron.

¿Quién nos contamina más, un camión de pasajeros o los políticos que tenemos?

Sin duda, ante los políticos, los camiones contaminantes son unos angelitos.

(Editorial)




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