Eutanasia, ¿morir con dignidad?

30 enero 2017

eutanasia

La eutanasia, como una opción para el término de la vida, ha sido un tema polémico en los últimos años. Hablar del tema implica detenerse a analizar los aspectos psicológicos, sociales, religiosos, económicos, éticos, legales y las expectativas en los tratamientos médicos.

Cada quien toma partido de acuerdo al aspecto que conoce del tema o a lo que a su juicio es lo correcto, pero el tema es muy amplio y el enfoque central es visualizar lo que un enfermo terminal o con una discapacidad que lo ha llevado a sufrir por periodos prolongados, quiere y necesita.

El que un paciente diga “me quiero morir”, no es sinónimo de quiero terminar mi vida por medio de la eutanasia.

Etimológicamente, eutanasia viene de dos raíces griegas: Eu, bueno, y Thanatos, muerte. ¿Quién no espera una buena muerte?, entendiendo que se refiere a morir dignamente, serenamente con tranquilidad y plena conciencia de que se entrega a la misma vida el alma que nos habita.

Para hablar de eutanasia en sentido estricto, debe de tener tres elementos esenciales:

1. El solicitante debe ser un paciente agónico, padecer una enfermedad terminal, esto es que no existe tratamiento médico que atenúe su dolor o logre la cura.

2. El motivo debe ser por misericordia, piedad o compasión ante los terribles dolores o sufrimiento del enfermo.

3. El agente que ejecute la acción de terminar con la vida, es el propio paciente, el médico o el personal de salud.

Los anteriores elementos tienen que ir acompañados de un marco legal que lo autorice. En Holanda y Bélgica, países pioneros en legislar la eutanasia activa, se lleva a cabo por medio de la autorización de un comité de especialistas que analizan la petición del paciente. Después de analizar con detenimiento la petición, dan su veredicto para que en caso de ser aprobada la solicitud, se gire orden y quede en manos del paciente la decisión de solicitar a un médico los medios que le permitan poner fin a su sufrimiento. Es decir, por un medio directo y a voluntad del paciente dar término a su vida, definiendo el caso como: eutanasia activa, directa y voluntaria.

En otro caso se define como la eutanasia pasiva a la omisión o suspensión terapéutica que facilitan el proceso de morir. Práctica que es común y que significa ayudar a morir humanamente. Yo me atrevo a decir que es una práctica clandestina; que la decisión de facilitar el proceso de morir lo decide el paciente, el médico o incluso los familiares del enfermo, sin embargo, es importante mencionar que se debe aplicar cuando la esperanza de salvar la vida del paciente prácticamente ha desaparecido. Que la omisión o suspensión terapéutica debe ser juiciosa o razonable; es decir que no hay ningún mal en la omisión o es un mal menor y no existe la obligación de actuar.

Por último, la eutanasia pasiva no significa inacción o abandono total del paciente. En este punto es donde la legislación del tema debería tener especial cuidado en dar a conocer los derechos de un enfermo terminal, especialmente en los casos donde no puede decidir. Se debe continuar con los cuidados de higiene, administrar los medicamentos para sedar el dolor y por ningún motivo descuidar la hidratación por vía oral o venosa para evitar mayor sufrimiento.

La sabiduría popular dice “donde hay vida hay esperanza”, pero parece que la esperanza termina cuando la depresión nubla la razón del paciente y se extiende a los familiares. La depresión es una etapa normal del duelo que vive un paciente terminal y los familiares, justamente por la desesperanza de la situación; parece que es mejor terminar rápidamente con el sufrimiento porque nos atormenta, porque es inadmisible, porque no se tienen los recursos (físicos, psicológicos, económicos, etcétera) para afrontar el dolor.

México tiene un gran reto para abordar la eutanasia. Es un tema que involucra varias disciplinas. Implica desde hacer un marco legal, así como informar los alcances y límites de su campo de acción. Involucrar a la familia del paciente, a los médicos, tanatólogos, psicólogos y personal de salud que intervienen en el cuidado de un paciente terminal.

Queda pendiente una situación que me hace reflexionar:

¿Cuál es el marco ético de la eutanasia involuntaria? Por ejemplo, en los casos donde se ejecuta activa o pasivamente la decisión de terminar o acelerar el proceso de morir, sin saber la voluntad del paciente. Sin conocer la voluntad del enfermo o del adulto mayor, la familia decide, en la mayoría de los casos, con ayuda del médico, lo que consideran ayudará a terminar con el sufrimiento de un paciente del que no saben lo que piensa y siente, debido a la imposibilidad de expresarse.

La apertura que en el mundo ha tenido el tema de la eutanasia, permite abrir la posibilidad de que los seres humanos decidan cómo y cuándo terminar con un sufrimiento que consideran innecesario para el paciente y la familia. Permite la posibilidad de acabar con una vida atormentada por el dolor, evitando que se estigmatice como suicidio. La eutanasia tiene la característica de ser indolora y serena.

Sin embargo espero que la apertura a la discusión y análisis del tema de la eutanasia, sirva para respetar los procesos de muerte y de vida. Que tanto familiares, como médicos y personal de salud tengan la información necesaria para acompañar con amor, paciencia y cuidado de los enfermos en fases terminales; que sean nuestros seres queridos los que nos acompañen a un buen morir, a morir dignamente y que no terminen siendo nuestros propios verdugos.

*Artículo de la Maestra Eréndira Aréchiga Silva, profesora de asignatura del área de Desarrollo Humano y coordinadora del Diplomado en Tanatología de la Universidad Iberoamericana




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