La renuncia de Ángel Aguirre Rivero

9 octubre 2014

Los pretextos se acabaron: la renuncia del gobernador de Guerrero, tiene que darse de manera inmediata e incondicional. Aquí ya no caben las disculpas ni los golpes de pecho; lo único que quiere ver la sociedad mexicanas, es la caída del responsable mayor del clima de terror y violencia que ha inundado a esa entidad.

Ángel Aguirre Rivero, ya lleva dos losas llenas de dolor y tristeza sobre su conciencia: primero, las tormentas que desbarataron a casi todo Guerrero. Las crónicas periodísticas describen que mientras el huracán de muerte colapsaba a toda la población, el mandatario estatal festejaba las fiestas patrias con comida, alcohol, y todo tipo de excesos.

AyotzinapaAhora, con la tragedia de Ayotzinapan, esto no puede seguir como si nada hubiera pasado, o como si esto hubiera sido un incidente menor. Estamos hablando de 43 jóvenes desaparecidos, de fosas llenos de cadáveres incompletos, de una crueldad que estremece el corazón de todos los mexicanos.

Todavía el mediocre nuevo dirigente del Partido de la Revolución Democrática (PRD), Carlos Navarrete, pidE perdón al pueblo de Guerrero, mostrándose insolente, estúpido, y sin ningún tipo de humanidad hacia decenas de familias que seguramente ya están muertas en vida por el solo hecho de pensar que sus hijos jamás volverán con ellos.

Hay plazos que se tienen que cumplir.

¿Enrique Peña Nieto, podrá por fin destituir a un gobernante inepto?

Ojalá así sea, porque de lo contrario, Ángel Aguirre Rivero, arrastrará a todo el Gobierno de la República, y de paso lo empujará a un abismo de profunda crisis política, y por supuesto que el presidente Peña no quiere vivir una verdadera tormenta social mucho mayor a la de estos días.

Nadie podrá regresar vivos a los jóvenes de Ayotzinapan, pero mínimo necesitamos la renuncia del gobernador de Guerrero.

(Editorial)




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