La resurrección de Porfirio Díaz / Por Diego Fernández Gómez

19 octubre 2015

Porfirio_Díaz

Es curioso que un antihéroe de la Historia de México renazca de las cenizas como el ave fénix después de tantos años de ser odiado. Porfirio Díaz lo ha hecho. Aquel general que historiadores, políticos y ciudadanos mexicanos hemos vilipendiado durante más de cien años, hoy por hoy planea regresar del exilio para subirse a un pedestal con la ayuda del gobierno neoporfirista de Enrique Peña Nieto.

Porfirio Díaz Mori era el diablo vestido de militar, o así es como nos lo han presentado en los libros de Historia editados por la SEP durante años. Antes, muy antes, en 1910, intelectuales de la talla de Justo Sierra y Vicente Riva Palacio gestaron el término de “Porfirismo” para referirse al mandato de Díaz de forma positiva, enalteciendo los logros de aquel “dictador” que mantuvo las riendas del país por casi siete lustros. Ya después sería Daniel Cosío Villegas quien denominaría con rabia a la dictadura del general como todos los mexicanos la conocemos actualmente: el Porfiriato.

Todo sexenio debe tener su estandarte histórico. Algunos presidentes mexicanos tomaron a Cárdenas como símbolo de presidencialismo, otros a la Revolución como el origen del Estado moderno, otros tomaron a Madero como profeta de la democracia y lo bautizaron como el principal promotor de los derechos de los indígenas, algunos más abrazaron a Juárez por las reformas que cambiaron el rumbo del país en el siglo XIX.

Hoy por hoy, el gobierno de Enrique Peña Nieto ha encontrado en Porfirio Díaz un héroe patrio que se amolda a lo que el Presidente de la República trata de imitar: un administrador que busca poner a México con letras de oro en el extranjero.

Es imposible negarlo: Díaz hizo grandes cosas por México. Es inevitable pasearse por las calles del Centro Histórico de la Ciudad de México y no encontrar un edificio o un monumento estilo francés que nos recuerde el Porfiriato. Ahí está la Columna de la Independencia, el Hemiciclo a Juárez, la Casa de los Azulejos (antiguamente el primer Jockey Club de México), también sigue en pie el monumental Palacio de las Bellas Artes (recinto cultural más importante de la ciudad), la Avenida Cinco de Mayo y, por supuesto, el sueño dorado de Maximiliano de Habsburgo hecho realidad por Porfirio Díaz: Avenida Reforma, vía de tránsito -tan extensa como el río Amazonas- ubicada en el DF que nos recuerda la avenida principal de París, Les Champs Elysées.

Díaz fue un mandatario que llegó a aferrarse al poder para remodelar las viejas calles de la Ciudad de México con el simple objetivo de crear lo que llamaba “el París del Hemisferio Americano”. Las transformaciones de Díaz hicieron eco en el extranjero y lo llevaron a ser reconocido como “El Salvador de México”; curiosa anécdota, pues cien años después, cuando se está festejando el aniversario luctuoso de este antihéroe nacional, parece ser que este cuento ya nos lo contaron. Usted, estimado lector, tiene toda la razón. ¿Recuerda aquella publicación de la revista “Time” en donde el Presidente Peña aparecía dichoso y con cabeza en alto, siendo adornado por una frase laudatoria: “Saving Mexico”? Entonces, ahora todo tiene sentido. Enrique Peña ha tomado su estandarte histórico con la imagen de Díaz plasmada.

La oposición, específicamente, Andrés Manuel López Obrador, ha tomado como símbolo partidista al Benemérito de las Américas, Benito Juárez, portando una banda presidencial que le confiere el ridículo cargo de “presidente legítimo”, con el águila juarista como escudo. Por consecuencia, el equipo de Enrique Peña se ha visto obligado a retirar a AMLO del mapa y a su héroe patrio también, trayendo desde el Cementerio de Montparnasse a uno de los grandes “villanos” de la historia de México.

Pero qué hemos de decir, Porfirio fue un hombre que hizo mucho por nuestro país, debemos aceptarlo, pero también cometió errores garrafales y se amoldó a la silla presidencial como si fuera un Papa en el Vaticano. Enrique Peña Nieto desea ser el nuevo Porfirio Díaz, el salvador de México, el presidente que pase a la historia como aquel hombre que revivió a México en el ámbito internacional. En su último Informe de Gobierno el tema más destacado fue “México en el extranjero”. El presidente es ingenuo, se le olvida que también acá hay muchos platos rotos que no ha pegado con Kola Loka. Enrique Peña Nieto emula a Don Porfirio para “mover a México”, para dar una imagen limpia y transparente de México en el extranjero, pero en su país, lo único que ha adoptado de Don Porfirio es aquella frase represiva que se escuchaba con temor entre los callejones del México prerrevolucionario: “pan o palo”, ¿usted qué escoge?… ¿Será?

@DFG_Diego

Facebook/DiegoFernández

*El articulista es estudiante en la carrera de Administración Pública y Gobierno de la Universidad Anáhuac México Norte. Obtuvo una beca del 100% al ser ganador del décimo quinto Premio Nacional de Expresión Oral y Escrita “Octavio Paz”. Ha colaborado en distintas asociaciones civiles con el objetivo de generar un cambio en su municipio, Naucalpan de Juárez, Estado de México. Fue candidato externo a sexto regidor de Naucalpan durante las elecciones de junio del 2015. Amante de la historia de México, y de sus cuestiones políticas, sociales y económicas, lo han llevado a comenzar a gestar su primera obra literaria titulada Las alas torcidas del águila real; un compendio ensayístico que tiene como meta realizar un análisis detallado de la identidad del mexicano del siglo XXI.




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