Los mexicanos comen por miedo

5 noviembre, 2018

La doctora y psicoterapeuta, Sandra Gussinyé Canabal, señaló que ante la inseguridad existente y la tensión que ésta provoca, los ciudadanos en México, están comiendo por miedo; incluso, en ciudades como Monterrey hay más obesidad, porque ahí se percibe una peligrosidad mayor.

En el marco del diplomado ‘‘Educador en obesidad infantil: Niñ@s en movimiento’’, organizado por la Universidad Iberoamericana, la especialista –acompañada de la doctora Norma Irene García Reyna-, indicó que las personas viven en tensión demasiado tiempo, lo cual no soportan tanto el cuerpo cono el estado emocional, por lo que la solución es comer, tratando de calmar esa ansiedad.

Científicamente está demostrado que al comer se liberan dopaminas que producen una sensación de calma ante esas emociones negativas, pero la calma es temporal, y luego el problema se sigue teniendo exactamente igual, con el añadido de haber comido de más, que puede provocar sentimientos de culpa.

“Muchas personas que tienen problemas de peso utilizan la comida como gestor emocional. Cuando están tristes comen, cuando están aburridos comen, cuando tienen alguna frustración comen, cuando tienen algún disgusto, alguna crisis, comen”, enfatizó.

En todo caso, si a las emociones malas les ponemos nombre, se puede lograr la solución al problema. “Si yo sé por qué estoy triste intentaré buscar la solución a esa tristeza y no iré directamente a la comida”, dijo García Reyna.

Es decir, hay que aprender a diferenciar el hambre de las emociones, a que no se mezcle la comida con los sentimientos, sean de aburrimiento, tristeza, soledad, enfado, miedo, etcétera.

Reeducación alimentaria

Antes de enseñar a las personas a gestionar sus emociones, sin la ingesta de comida, deben ser sometidas a una reeducación alimentaria, que consiste en hacer cinco comidas al día, en horarios establecidos que se respeten, que haya verduras en cada platillo principal y que se coman dos frutas al día.

Estos hábitos eliminan el hambre fisiológica, de suma importancia para las personas con sobrepeso y obesidad, pues pasar hambre es el primer motivo para una sobre ingesta.

“Si el niño desayuna antes de salir de casa y se lleva su bocadillo para media mañana, y luego come, y así está durante varias semanas, llega el momento en que el cuerpo no tiene hambre”.

De no ser así, el cerebro reaccionará, y si tiene hambre va a pedir azúcar, advirtió Gussinyé Canabal. “Lo primero que pide el cerebro para alimentarse es el azúcar, es de ahí de donde se alimenta, y parece como una fiera que quiere cazar”.

Sobre el diplomado que imparten en la IBERO, Norma Irene explicó que su objetivo principal es enseñar una forma de intervención para el problema del sobrepeso y la obesidad, que es holístico y empático, al centrarse en la persona y su salud en general, no solamente en su peso.

La intervención dura once semanas, se hace terapia grupal con niños y terapia grupal con padres, quienes tienen que alcanzar pequeños objetivos cada semana, además de trabajar en sus hábitos alimentarios y estilos de vida.

En el diplomado se forma a educadoras y educadores en obesidad infantil, con base a un programa semi estructurado que se llama ‘Niñ@s en movimiento’, que se enfoca en tres pilares: cambio de estilo de vida, hábitos alimentarios y trabajo con la emocionalidad.

En este último se mejora la autoestima, se disminuyen rasgos de ansiedad, se trabaja en la comunicación asertiva entre padres e hijos y en temas como bullying, autoimagen y publicidad engañosa.

‘Niñ@s en movimiento’, asociación en España que preside la Dra. Sandra Gussinyé, tiene tres programas: Niñ@s en movimiento, Adolescentes en movimiento y Peques (para preescolares).

*Información de la Universidad Iberoamericana.




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