Misión de la NASA se aproxima a meteoro potencialmente destructivo

29 agosto, 2018

Hace 66 millones de años, un meteoro impactó sobre la superficie de la Tierra, liberando una energía equivalente a diez mil millones de bombas atómicas como la que devastó Hiroshima al término de la Segunda Guerra Mundial. Como consecuencia de esa colisión se generó una extinción masiva de especies que incluyó a los dinosaurios, que en esa época dominaban la superficie del planeta.

En la actualidad, únicamente la especie humana posee la capacidad de reflexionar sobre este hecho y de desarrollar conocimiento y tecnología para superar un nuevo evento de esta naturaleza.

Un meteoro (asteroide o cometa) se considera potencialmente peligroso para la Tierra si su máximo acercamiento es menor o igual a 0.05 Unidades Astronómicas (UA). Una UA corresponde a la distancia entre la Tierra y el Sol y equivale a 150 millones de kilómetros.

En septiembre de 2135, el asteroide Bennu se ubicará a una distancia de entre 0.0007 y 0.002 UA de nuestro planeta. Si se toma en cuenta que la separación Tierra-Luna es de 0.025 UA, resulta que este asteroide podría acercarse a menos de la tercera parte de la distancia que nos separa de nuestro satélite natural (ver figura 1). Si bien no existirá una colisión Bennu-Tierra en 2135, existe el riesgo de que la órbita del asteroide se modifique de forma tal que en algún acercamiento posterior se produzca un impacto.2

Los efectos destructivos de un encuentro con Bennu serían significativamente menores que los causados por el meteoro que exterminó a los dinosaurios, pero los daños derivados de un hipotético choque Bennu-Tierra tampoco serían ignorables. Por su masa y velocidad, Bennu impactaría a la Tierra liberando aproximadamente mil 200 megatones de energía, lo cual equivale a 75 mil bombas atómicas de Hiroshima. Evidentemente este suceso causaría enormes pérdidas humanas y materiales, aunque no exterminaría la totalidad de la vida en el planeta.

Por iniciativa de la NASA, y con un costo aproximado de 800 millones de dólares, Osiris Rex inició su viaje en septiembre de 2016 y ya se encuentra en las cercanías de Bennu. En diciembre de 2018 comenzará a orbitar alrededor de este asteroide para realizar estudios detallados referentes a la geografía y composición del mismo. La nave debe regresar a la Tierra en el año 2023 con una muestra tomada de la superficie de este objeto astronómico.

Una de las labores más importantes de esta misión espacial consiste en determinar si el llamado ‘efecto Yarkovsky’ alterará la ruta del asteroide de forma riesgosa para la Tierra. Este efecto, corresponde a un empuje sobre el meteoro debido a enfriamientos y calentamientos asimétricos del asteroide causados por la radiación solar.3 La medición precisa de este fenómeno no puede realizarse desde la Tierra, pero Osiris Rex obtendrá la información deseada al orbitar alrededor del meteoro a tan sólo 700 metros de distancia de éste.

A pesar de que existe un extenso catálogo de asteroides y cometas que sugiere que no existen riesgos a corto plazo de colisiones tipo Armagedón para la Tierra, debe considerarse la posibilidad de que algún objeto pudiera ingresar de manera sorpresiva al sistema solar por el plano vertical a las órbitas planetarias. Tal fue el caso de A/2017 U1, posteriormente conocido como OUMUAMUA, detectado por el sistema de respuesta rápida Pan-Starrs el 19 de octubre de 20173. Si esta bala pérdida su hubiera dirigido hacia la Tierra, el margen de maniobra para alertar y organizar a las poblaciones afectadas hubiera sido del orden una semana (ver figura dos).

Hace 66 millones de años no existía en la Tierra especie alguna con la inteligencia suficientemente desarrollada para mirar al cielo y oponerse con éxito a la extinción de especies por causa del impacto de meteoros provenientes del espacio exterior. Parte de la prevalencia de la especie humana en el planeta se debe al uso de este tipo de inteligencia, la cual irónicamente también ha puesto en riesgo la viabilidad de la civilización. La misión de Osiris Rex hacia Bennu permite revalorar el rol del ser humano en la Tierra y su responsabilidad para preservar y enriquecer la vida en ella.

*Artículo del Dr. Alfredo Sandoval Villalbazo, y publicado originalmente por el portal de la Universidad Iberoamericana. Sandoval Villalbazo, es coordinador del Programa de Servicio Departamental de Física del Departamento de Física y Matemáticas de la Ibero.




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José

Los humanos preferimos erradicarnos unos a otros, tal parece..!