Niña transgénero de 6 años, el lado torcido de las leyes mexicanas

16 octubre 2017
Ilustración: Abraham Nava/Excélsior

El anuncio de que un menor de edad, logró cambiar nombre y género, en su acta de nacimiento, ha provocado un enorme debate a nivel nacional. El análisis y la responsabilidad principal de este hecho inédito, recaen en los padres de familia y en las autoridades mexicanas, quienes al querer abrir espacio a las “nuevas modas sexuales”, han incurrido en un delito que va más allá de lo imaginable.

¿Quién le dijo al juez que decidió convertir a un niño en niña, que un pequeño tiene una enorme capacidad de decisión sobre su vida? ¿Sabe el que hizo esta salvajada, que un niño de 6 años está más preocupado por las nuevas tecnologías, que por debatir sobre su propia identidad sexual?

Según la información difundida por la agencia española de noticias EFE, “Sophia nació siendo un niño, pero este 2017 hizo historia en el país al convertirse en la primera menor de edad en cambiar su nombre y género en su acta de nacimiento.

“De acuerdo con David Barrios, expresidente de la Federación Mexicana de Educación Sexual y Sexología -quien atendió a Sophía-, su conducta era propia de la infancia trans: melancolía, tristeza, abandono, depresión, aislamiento. No sienten pertenecer ni al mundo de los niños ni de las niñas”.

“La mamá de Sophia, tiene un niño de 4 años, buscó en Google la palabra ‘trans’, y luego contactó al colectivo Ser Gay, de defensa de los derechos LGBTI, y en la primera asesoría les comentaron: ‘Ustedes no tienen dos hijos. Sino una hija y un hijo’”.

“Con el apoyo de la organización Litigio Estratégico en Derechos Sexuales y Reproductivos (Ledeser) y Ser Gay, la familia de Sophía inició los trámites para cambiar de género y nombre en su acta de nacimiento.

“Por fortuna, en su caso no se requirió dictamen médico, solo una opinión especializada y el apoyo del Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México (Copred)”.

Este caso más que abominable, abre los ojos a una sociedad que estaba esperanzada en encontrar leyes fuertes, sólidas, coherentes e inteligentes. Es inadmisible que ni siquiera el niño (ahora niña trans), haya sido asesorado por profesionales y expertos en psicología infantil, quienes seguramente hubieran cambiado esta terrible historia.

Tanto la mamá de “Sophia”, como los integrantes de los colectivos lésbico gay, deberían ser denunciados por todos los abusos cometidos contra el menor de edad, considerando que solo vieron por sus intereses sexuales, y dejaron a un lado, el bienestar total de una persona indefensa, como lo es un pequeño de 6 años de edad.

Convertir a niños en niñas (y viceversa), es lo más fácil en este México inmoral, y por eso la comunidad cada vez está más podrida en valores. Hoy día, ya no es raro aquel que quiera transformarse físicamente de la noche a la mañana. Raro es aquel, que sigue pensando de la manera más tradicionalista, pero que al final de cuentas, esa manera de pensar fue la que fincó principios y valores que aún se aferran a vivir entre modas, ritos y perversiones humanas.

(Editorial)




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