A partir de los resultados preliminares de la jornada electoral del 1º de julio podemos observar una constante en ellos: voto diferenciado. Hasta hace unos años, la diferenciación del voto era una práctica poco común en el electorado mexicano, el cual regularmente definía su voto de forma unívoca por un partido para los distintos rubros en las boletas electorales. Este 2012, a simple vista, parece que la historia ha cambiado.
Podemos observar con claridad que el electorado mexicano decidió distinto de acuerdo a la pista en cuestión: el voto a la Presidencia de la República fue distinto al voto legislativo, este último fue distinto dependiendo de si era una representación senatorial o de diputado. Ni se diga con respecto a las elecciones locales, donde en muchos casos se presentaron diferencias significativas con la elección federal.
En algunas partes, por ejemplo, un voto por el PRI para la Presidencia de la República no se reflejaba en la misma opción a nivel local; sorpresivamente también se dio en sentido inverso, un voto favorable para el PRI a nivel local no necesariamente se refrendó para la pista federal. No deja de ser sorpresivo, pues se habló por mucho tiempo de un “efecto Peña Nieto” que podía servirle a los candidatos locales, a quienes arrastraría el encanto electoral del mexiquense. No fue así, al menos en mi entidad, el Estado de México.
Tomaré como referencia mi propia tierra, Tlalnepantla, la cual veo como un ejemplo clarísimo de esta diferenciación del voto. Por un lado, el PRI ganó la alcaldía con una contundencia de más de 12% sobre el más cercano competidor, sin embargo la elección federal no resultó favorable al candidato priísta Enrique Peña Nieto. Es más, curiosamente en el distrito 19 federal, donde ganó la candidata priísta a diputada federal, no ganó Enrique Peña Nieto.
La gente de este distrito federal, el único que no es compartido con otro municipio, siendo netamente tlalnepantlense, diferenció su voto a favor del PRI en la pista legislativa, pero no en la ejecutiva. En sentido inverso, en el distrito 15 federal, compartido entre Tlalnepantla y Atizapán de Zaragoza, la elección legislativa no fue favorable al PRI, ganando el PAN según los resultados preliminares disponibles, pero la elección por el Ejecutivo federal resultó favorable por unos dos mil votos según estos mismos resultados. Ni hablar de los resultados en las diputaciones locales, que también tienen lo suyo en diferenciación
¿Qué es lo que sugiere esto? Pues bien, que el electorado mexicano, creo, ya está madurando para la cosa democrática; que una diferenciación del voto se da de acuerdo a las preferencias particulares por criterios basados en la información obtenida y evaluada para la toma de decisión, o bien con fines estratégicos, que de cualquier manera son resultado de una decisión basada en la información disponible.
Ambas posturas nos remiten a un electorado menos partidista, en cualquier sentido, dígase como arraigo y cultura política o como una forma de “atajo informativo” para ahorrarse el costo de tener que allegarse de información, procesarla y en función a ella decidir. Y esto, desde luego, implica un mayor peso de las campañas -y por ende de los candidatos- en las elecciones mexicanas, justo como vengo sugiriendo desde hace tiempo en mi línea de investigación como politólogo.
Esto es esencialmente bueno para la democracia ya que implica una mayor participación e involucramiento de la ciudadanía en la toma de decisiones, sobre todo en la más importante que es decidir quién habrá de gobernar nuestros destinos. También es esencialmente bueno porque exige un compromiso mayor de los partidos políticos, como vehículos de postulación de candidatos, para mejorar sus selecciones internas y posicionamientos programáticos ante un electorado más vivaz, crítico e involucrado en estos procesos.
Asimismo es esencialmente bueno para la democracia ya que podemos ver un efecto relativo de rendición de cuentas, de evaluación del gobierno en turno y de un sufragio en función a ello. No se refrendaron gobiernos locales impopulares, así como no se refrendó un gobierno federal obtuso y mediocre.
En general, aun con una militancia partidista que refrendo en los hechos, no puedo dejar de pensar que esta jornada de la diferenciación sólo puede hablar de cosas buenas para nuestra democracia y nuestro país en su conjunto. Es producto de años de esfuerzo por tomar un cauce en el que la política vaya de la mano de los intereses populares, que sea la ciudadanía quien decida y marque el rumbo, que las elecciones sean el pilar de una sociedad más comprometida y vigorosa.
Por eso, para los agoreros de la catástrofe por un regreso del PRI, les aviso que, muy a su pesar, esta jornada de la diferenciación les pone en entredicho y les dice directo a la cara que México ya cambió y si la gente decidió por el PRI, por el margen que haya sido, fue porque así lo aquilataron. Tan lo aquilataron que en otras pistas la decisión no fue favorable a este partido, pero a nivel Ejecutivo federal es una prueba para ver de lo que está hecho el PRI. Para quienes militamos en él no debe significar un cheque en blanco, sino un llamado al compromiso y a demostrar por qué nos merecemos estar en el poder, por qué nosotros sí sabemos hacer las cosas y, a partir de ello, refrendemos la confianza de quienes ya nos la dieron y ganemos la de aquellos que aun tienes sus válidas y respetables dudas. ¡Enhorabuena por México!
*El Articulista, es licenciado en Ciencia Política por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM). Estratega político y electoral; laboró como analista político en el Gabinete de Comunicación Estratégica (GCE), bajo la dirección de Liébano Sáenz y Federico Berrueto. En su carrera política, ha sido Presidente Municipal Suplente del H. Ayuntamiento de Tlalnepantla de Baz (2009-2012), Coordinador de la campaña de Difusión Estratégica de Eruviel Ávila Villegas en Tlalnepantla, Presidente de la Fundación Colosio y Presidente del Frente Juvenil Revolucionario en ese mismo municipio. Recientemente fue Coordinador de Vinculación con Segmentos Sociales de Pablo Basáñez García.

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