OPINIÓN. Las Encuestas a Debate / por José Eduardo Romero Ramírez.

28 agosto 2012

Ante la “crisis de credibilidad” en un sector de la población mexicana por el resultado de la pasada elección presidencial, se encuentra el tema de las encuestas y de un supuesto sesgo favorable hacia el candidato priísta en la mayoría de ellas. Los seguidores de Andrés Manuel López Obrador aducen esto como un elemento ineludible de cómo la “mafia” nuevamente les arrebató la Presidencia de la República. Nada más falso. Ni siquiera suponer que hubo un sesgo favorable a Enrique Peña Nieto a propósito.

Difícilmente alguna encuestadora pondría en riesgo el futuro de su negocio favoreciendo a un candidato. Por más dinero que pudieran ofrecerles en el hipotético caso de una componenda así, el beneficio sólo sería cortoplacista y cualquier empresa busca que éste sea al mayor plazo posible, o sea que ningún encuestador serio y de renombre (como la mayoría de quienes se “equivocaron”) tendría incentivos para “vender” sus datos.

Los “errores” no son necesariamente eso. Efectivamente no reflejaron los resultados finales de la elección, pero como muchos de los encuestadores se encargaron de señalar al publicar sus trabajos, estas encuestas sólo eran “fotografías del momento”. Tomemos como base una premisa del reconocido encuestador Ulises Beltrán: “las encuestas, por su naturaleza misma, no pueden medir con absoluta precisión nada.” Y así es, son ejercicios probabilísticos y ello, por consecuencia obvia, implica un margen de error.

¿Cuál es la discusión aquí? Que evidentemente se requiere de un análisis concienzudo de qué pasó con los trabajos demoscópicos en la pasada contienda electoral. ¿Por qué no fueron más certeros? ¿Por qué, si bien acertaron al ganador y el orden en los resultados, no lo hicieron en la proporción que ocurrió en realidad? Como decía al inicio del texto, si hay fallas, esto no se debe a un arreglo oscuro para beneficiar al entonces candidato Peña Nieto, sino a problemas de fondo y referentes a la metodología de las encuestas, a discusiones teóricas que se han presentado desde siempre.

Quienes hemos estudiado el tema de manera profesional conocemos varios de estos asuntos debatibles dentro del levantamiento, procesamiento y publicación de encuestas. Aquí no es el lugar para ahondar en todos ellos, pero me gustaría referirme a varios que pienso pudieron haber influido en las diferencias entre los datos de las encuestas preelectorales y los resultados finales de la elección. Debo mencionar que, al final, esto también son supuestos, propuestas, y nada más.

Hay un tema importantísimo que considero no ha sido lo suficientemente analizado y es el tema del muestreo. Quienes hemos levantado directamente en campo una encuesta conocemos lo complicado de hacerlo. La muestra se hace de forma aleatoria por secciones electorales y manzanas, puede haber un procedimiento probabilístico para seleccionar una vivienda y tocar a su puerta, sin embargo nunca se sabe quién va a abrir esa puerta y si hay un sesgo en ello.

Por ejemplo, los adultos mayores son mucho más proclives a contestar una encuesta que los demás segmentos; depende de la hora en que se acuda a una casa, el tipo de persona que lo recibe; además hay una población manifiestamente adversa a hacer públicas sus posiciones políticas. Esto claro que influye y sesga; a su vez, ello nos lleva a la “no respuesta” como un factor clave que no se ha podido controlar adecuadamente en los ejercicios demoscópicos.

Otro factor clave, creo, es el tema de las fórmulas de votantes probables, éstas son como la receta secreta de esos restaurantes de pollo. Nadie sabe bien a bien cuál será el criterio final del encuestador para calcular esos escenarios. Hay criterios comunes que se utilizan regularmente, como ponderar de acuerdo a variables que nos indiquen una mayor, menor o nula participación y en función a ello se pondera el resultado.

Posiblemente hubo una subrepresentación de los jóvenes, segmento regularmente poco proclive a votar, pero que en esta elección el movimiento #YoSoy132 sirvió como movilizador en contra de Peña Nieto y mayormente a favor de López Obrador. Quizás se menospreció esto.

Viene a mi mente el comentario de Juan Azcárraga de Ipsos, quien manifestaba que sus datos brutos fueron los más precisos; tal vez, pero el punto es que su “apuesta” para medir los votantes probables no lo fue y eso es lo que importa, porque levantar datos quizás sea lo menos complejo, pero proyectarlos es algo distinto.

Asimismo, es muy posible que algunas casas encuestadoras “ajustarán” sus criterios para formular sus escenarios de votantes probables al ver que la mayoría manejaban un dato común y “se fueron con la finta”, después se daría un efecto “bola de nieve”. ¿Al verse como outliers (datos atípicos y fuera de rango) prefirieron irse por la segura con los datos que presentaba la mayoría? Es probable. Al final no hay un “cuchareo”, simplemente es la apuesta metodológica de cada encuestador.

Igualmente está el elemento de la “espiral del silencio”: mucha gente que considera su opinión como minoritaria con respecto a la de la población general o como “socialmente indeseable” callan su preferencia para no “quemarse”. Estoy convencido que una parte de la diferencia se debe a ello, a esos que preferían a López Obrador, pero tras sus vericuetos del 2006 creían poco pertinente hacer manifiesta su preferencia por el mismo. Sin embargo, no creo que esta intención de votar por el perredista haya ocurrido de último momento y en una proporción determinante, lo que se llama una “corrida” a favor de este candidato, como han sugerido algunos.

Finalmente, ¿qué hay con todo esto? Que afortunadamente estas dudas están llevando a los encuestadores a revisar sus metodologías y ello permitirá el avance de la ciencia en esta materia. En el futuro serán muy importantes ejercicios como el que ha venido publicando en la revista Nexos el politólogo Leo Zuckermann -aunque no obligadamente ese- en el que llevemos un ranking de las encuestadoras y que como todo ente sujeto al mercado, sean las más acertadas las que más se prestigien y, por ende, más socorridas sean. Claramente, las encuestas constituyen un mercado y los clientes siempre definirán los estándares de calidad de sus productos. Estudios más concienzudos se requieren para dilucidar lo ocurrido en la pasada elección del 1º de julio. Magnífico que haya hipótesis que incrementen el debate sobre lo que sea. Magnífico que podamos vivir y experimentar la democracia desde todos sus ángulos.

@jeduardoromero

 

*El Articulista, es licenciado en Ciencia Política por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM). Estratega político y electoral; laboró como analista político en el Gabinete de Comunicación Estratégica (GCE), bajo la dirección de Liébano Sáenz y Federico Berrueto. En su carrera política, ha sido Presidente Municipal Suplente del H. Ayuntamiento de Tlalnepantla de Baz (2009-2012), Coordinador de la campaña de Difusión Estratégica de Eruviel Ávila Villegas en Tlalnepantla, Presidente de la Fundación Colosio y Presidente del Frente Juvenil Revolucionario en ese mismo municipio. Recientemente fue Coordinador de Vinculación con Segmentos Sociales de Pablo Basáñez García, alcalde electo de Tlalnepantla.

 




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