OPINIÓN. El Futuro de los Partidos Políticos Mexicanos / Por José Eduardo Romero Ramírez.

13 agosto 2012

Pese a la inmensa desconfianza que se manifiesta en nuestro México hacia los partidos políticos, en toda democracia moderna éstos deben existir. ¿De qué manera podríamos sostener una democracia directa, por ejemplo? La interacción en el ágora en tiempos de la Grecia antigua es un ideal que hoy ni de chiste podríamos realizar.

Es por eso que las organizaciones partidistas, como canales de representación y participación políticas, se vuelven esenciales en nuestras sociedades contemporáneas. Tal vez, en un futuro quién sabe si lejano o cercano, la tecnología nos permita otra cosa, pero por lo pronto los partidos políticos son necesarios.

Así las cosas, a lo que debemos aspirar es que los partidos políticos sean mejores vehículos de participación política y representación popular. ¿Qué significa esto? Que los partidos políticos se democraticen, mejorando y haciendo realmente accesibles sus esquemas de postulación de candidatos. Al final de cuentas, los partidos políticos son entes de interés público.

También, por otro lado, habrá que ver cómo terminan por funcionar las candidaturas independientes, mal llamadas “ciudadanas”. Mientras tanto, los partidos llevan mano. En México ya podemos vislumbrar escenarios con respecto a ellos.

El PRI, como partido ganador, se encuentra en la compleja encrucijada de renovarse para el futuro o de encasillarse. Es difícil que un partido victorioso se inserte en un proceso de reflexión; se puede asumir que por algo ganó.

Sin embargo, hay varios sectores de la población (muy polarizados y radicalizados cuando más, así como desconfiados y con reservas cuando menos), que no tienen mucha fe en lo que pueda hacer el PRI. Con o sin razones, se han comprado el argumento de que el PRI de hoy es el mismo de ayer.

Cierto es que aún hay cuadros vigentes que lo han estado desde la época hegemónica del Revolucionario Institucional. No es el caso de Enrique Peña Nieto, que se formó mayormente en un escenario de competencia electoral real; aunque también es cierto que arropado por veteranos cuadros del Estado de México, pero no podría ser de otra manera, ya que existe un entreveramiento de generaciones. Es la naturaleza de todo en la vida: la conjunción de experiencia e innovación que redunda en evolución.

No obstante, sí hay dos asuntos que el PRI debe enfrentar si pretende seguir exitoso electoralmente en el futuro. El primer tema es el de borrar en la medida de lo posible esa imagen del PRI como sinónimo de corrupción. Ya hay propuestas de Enrique Peña Nieto en torno a esta materia, como proyectos tangibles para formalizarse en su próxima administración, de los cuales no ahondaré en este texto.

El segundo tema es el de convertirse en un verdadero partido del siglo XXI, particularmente para acercarse a los jóvenes -con los que no conectó en esta elección de 2012- e insertarse efectivamente en los nuevos modos de convivencia social y entramados comunitarios desde las nuevas formas de comunicación tecnológica.

Como sea, por lo demás, no veo mayor problema en un PRI haciendo acuerdos legislativos para lograr las reformas pendientes. Lo más seguro es que no sea un acuerdo permanente de coalición legislativa, sino que seguirá el criterio de alianzas caso por caso. Siendo realistas, en un escenario de coalición permanente se cede mucho y no es políticamente rentable para quien quiera colgarse medallas políticas.

Mientras tanto, el PAN se ve en la posición, ellos sí, de repensarse seriamente. Deberán analizar sus errores y, hasta eso, cobrar facturas a quien deban cobrárselas. Es natural. Surgirán nuevos liderazgos que disputen el control del partido con miras a lo que siga, específicamente el 2018. Ahí estarán Margarita Zavala de Calderón, Ernesto Cordero, Alonso Lujambio y, tal vez, Gustavo Madero.

Josefina Vázquez Mota, aunque quiera, la tiene difícil para reconstruirse, pero en esto de la política, particularmente la mexicana, todo puede pasar. Deberán recuperar la confianza de las clases medias que en algún momento fueron su fuerza electoral. Sobre todo, deben mostrarse como una posibilidad de gobierno eficiente. Muchos de los problemas del panismo surgen de la duda constante sobre sus capacidades gubernamentales (y es que ejemplos sobran con respecto a su ineptitud político-administrativa); en ello tienen su mayor reto.

El PRD y satélites tienen ante sí el enorme desafío de desvincularse del caudillismo, de ser una izquierda moderna que no genere pavor y encono entre amplios sectores sociales. Que los izquierdistas aprendan a conciliar y puedan generar consensos. Es difícil tal cosa teniendo a Andrés Manuel López Obrador y compañía azuzando a la gente, a una Dolores Padierna ensalzando como “estadista” al venezolano Hugo Chávez, a un René Bejarano que no deja de mover los hilos (y las ligas) dentro del PRD, a un Ricardo Monreal inventando pruebas, calumniando y mintiendo sin pudor alguno, al extremo de cometer ilícitos con ello. Y podría seguir con más ejemplos.

Tienen cuadros no necesariamente buenos, pero sí presentables y con algún prestigio social, como lo son Marcelo Ebrard o Graco Ramírez. Dudo mucho de las posibilidades de Miguel Ángel Máncera, quien si bien tiene su propio prestigio, dista mucho de ser un líder u operador político. Marcelo Ebrard le armó todo políticamente hablando y, finalmente, contó con el respaldo de Andrés Manuel López Obrador, que le valió la suma de corrientes que no se sentían afines.

Ese sectarismo del perredismo es otro de sus grandes frenos. Incluso, suena la posibilidad de la ruptura interna. Cada vez más perredistas racionales se dan cuenta que el camino, el único, es a través de las instituciones y no el conflicto. Aunque López Obrador, y lo que ello implica, no lo crea.

Como dije al principio de este texto, los partidos políticos son fundamentales para el quehacer democrático en nuestra sociedad mexicana. Los necesitamos. Hoy por hoy son la única posibilidad de participación y representación. Entonces, en vez de golpearlos y debilitarlos, presionemos y exijamos constructivamente para que estos mejoren y se fortalezcan. Así, tendremos partidos políticos dignos, que nos representen apropiadamente, que respondan a nuestras necesidades  y con ello se construya una democracia de resultados que mejore nuestra calidad de vida.

@jeduardoromero

*El Articulista, es licenciado en Ciencia Política por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM). Estratega político y electoral; laboró como analista político en el Gabinete de Comunicación Estratégica (GCE), bajo la dirección de Liébano Sáenz y Federico Berrueto. En su carrera política, ha sido Presidente Municipal Suplente del H. Ayuntamiento de Tlalnepantla de Baz (2009-2012), Coordinador de la campaña de Difusión Estratégica de Eruviel Ávila Villegas en Tlalnepantla, Presidente de la Fundación Colosio y Presidente del Frente Juvenil Revolucionario en ese mismo municipio. Recientemente fue Coordinador de Vinculación con Segmentos Sociales de Pablo Basáñez García.




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