“Reprobable su mano blandengue”, le dice la Iglesia Católica contra Claudia Sheinbaum

25 agosto, 2019

El clero católico criticó firmemente la postura del gobierno de la Ciudad de México, respecto a las recientes protestas que han realizado grupos feministas, contra la violencia y los asesinatos de mujeres en la capital del país.

En su editorial publicada en el semanario Desde la Fe, la Iglesia Católica señaló que no se puede reaccionar ante cualquier acto de violencia, tolerando métodos que fomentan la impunidad. Esto en clara referencia a los hechos ocurridos el pasado viernes 12 de agosto.

Ese día, cientos de mujeres tomaron violentamente la Glorieta de los Insurgentes, donde vandalizaron, destrozaron negocios, insultaron a civiles y agredieron cobardemente a periodistas, sin que ninguna autoridad les pusiera un alto.

De hecho, grafitearon el monumento más emblemático: el Ángel de la Independencia.

El texto del clero católico, enfatiza que la violencia es un monstruo de mil cabezas; y una de sus formas más dañinas y contumaces es la que se enmascara como “acción políticamente correcta”, pero que infringe daño y abuso contra víctimas inermes, resignadas y abandonadas a soportar más allá del colmo.

“Expresiones retóricas tan fáciles y tan oficiales como ´no criminalizaremos la protesta´, pueden ser apenas la punta de un iceberg de dimensiones riesgosas al que, a veces, parece que nos hemos acostumbrado.

“Actuar no es sinónimo de reprimir. Actuar como autoridad democrática es garantizar la paz, defender los derechos y la seguridad de todos. Lo otro es una omisión hipócrita de responsabilidades elementales”, subraya.

Agrega que una mano dura que tome el camino de la represión –como la llamada “ley garrote”– es tan reprobable como una mano blandengue que ignore el camino de responsabilidades y derechos, que diga que va a arreglar todo con abrazos amorosos o tolerando impunidades.

Desde la Fe, finaliza destacando que México necesita encontrar el camino ordinario y estable hacia el ejercicio de derechos, la paz y el respeto. En esa tarea cada familia y cada ciudadano, cada empresa y cada partido, hemos de estar comprometidos.

“Ojalá que no nos conformemos con mesas de diálogo donde no se dialoga, donde cada participante representa por intereses parciales y no la búsqueda del bien común. Mucha violencia, sutil o explícita, pero capaz de hacer daño, puede esconderse entre las líneas de lo políticamente correcto”, concluye la editorial.

Política y Estilo




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