Ricardo Anaya, Miguel Ángel Mancera y Dante Delgado, derrumbaron al PAN

11 agosto, 2018

El desastroso resultado que sufrió el Partido Acción Nacional (PAN), en las pasadas elecciones presidenciales del 1 de julio, propició que gubernaturas, senadurías, diputaciones y alcaldías –reservadas tradicionalmente para el blanquiazul-, se derrumbaran trágicamente, dando paso al avasallador triunfo del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA).

Las culpas por el colapso de Acción Nacional, deben asumirla todos.

Sin embargo, muchos centran sus miradas en Ricardo Anaya Cortés, quien recibió una novatada inolvidable: el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y el Movimiento Ciudadano (MC), le vendieron espejitos a cambio de permanecer en el presupuesto del Instituto Nacional Electoral (INE).

Los votos que aportaron PRD y MC a la candidatura presidencial, fueron ridículos.

Según el INE, Anaya Cortés tuvo 10 millones 249 mil 705 votos.

El PRD aportó 1 millón 307 mil 665.

El MC “ofreció” unos patéticos 81 mil 699 sufragios.

¿Esto fue lo que acordaron Anaya, Miguel Ángel Mancera y Dante Delgado?

Precisamente el sábado 11 de agosto, se llevó a cabo el Consejo Nacional del PAN, y todas las inquietudes que presentamos en esta editorial, se quedan chiquitas, ante los verdaderos cuestionamientos, acusaciones y señalamientos que se dieron en la reunión blanquiazul, la cual dejó más fracturas que sanaciones.

De entrada, Ricardo Anaya ya quedó en el olvido.

Para el mal llamado “joven maravilla”, solo hay desprecio, enojo, rencor.

Pero si los panistas son buenos jueces, tendrán que escarbar muy hondo para saber cómo estuvo diseñada la derrota del Partido Acción Nacional en todo el país. Como ejemplo está el Estado de México, entidad que fue devastada por la complicidad de Víctor Hugo Sondón Saavedra, Anuar Azar Figueroa y Edgar Olvera Higuera, quienes hicieron del partido una auténtica mafia.

El PAN perdió el control de todo, y ahí están los resultados.

Es momento de que Acción Nacional retome sus principios básicos, rediseñe su cercanía con los sectores sociales, valore y respete a los militantes y simpatizantes que dan la vida por el PAN. El blanquiazul, también debe de hacer una limpia total, y llevar todo el estiércol a su verdadero lugar de origen.

Hoy el PAN está en estado de coma.

Debe haber alguien que le inyecte oxígeno de honestidad.

Editorial




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