Venezuela: lluvia de miseria

30 septiembre, 2018

Para muchos, hoy es mejor huir. Dejar toda su vida atrás. Abrir los ojos, mirar de frente y secar el llanto. La esperanza de hallar un lugar seguro. Llegar adonde nadie les conoce, pero donde podrían estar mejor. Es usual hacer las maletas, los bolsos, llevar lo que necesites para salir de Venezuela.

Nicolás Maduro anunció que en los últimos dos años han salido de Venezuela 600 mil ciudadanos. En contraste, según datos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) se fueron del país más de 2 millones de venezolanos a junio del 2018, aunque Naciones Unidas no precisó la fecha de inicio del cálculo. La mayor parte de las personas que han abandonado Venezuela se han dirigido a Colombia, Ecuador, Perú y Brasil, según señaló a los periodistas el portavoz de la ONU, Stéphane Dujarric.

No existe una cifra exacta que determine la cantidad de ciudadanos que han buscado asentarse en distintos países debido a la crisis humanitaria que vive Venezuela.

Katherine López, venezolana, madre de dos niñas, manicurista, vivía en el barrio de Petare. Hace más de un año decidió salir de Venezuela, pero meses antes tuvo que despedirse de su hija mayor y su esposo, quienes partieron antes para ir abriéndose camino en Colombia.

Partió junto a su hija menor. Luego de despedirse de su país y tras largas horas de camino en autobús, llegó a Cúcuta para reencontrarse con su familia. “No aguanté, no pude seguir viendo a mis hijas sufrir por hambre”, contó López.

En Venezuela cada día es una odisea tener algo de comida, es normal encontrar en las calles a personas hurgando en la basura, es normal encontrar a grupo de niños en las esquinas suplicando algo de alimento, es normal pasar días sin probar bocado, es normal la desnutrición. Simplemente, es normal tener hambre hasta el punto de llegar a la muerte.

Y duele porque algo tan oscuro se ha convertido en algo común. Mientras el régimen se llena la boca cuando menciona la repartición de los (Comités locales de Abastecimiento y Producción) CLAP. Esto es por medio de una caja o bolsa que dentro contiene productos de la cesta básica y se entrega mensualmente a algunas familias venezolanas. Con mucha suerte, 4 personas, comiendo solo una vez al día logran llegar al mes con los alimentos que trae la caja, siempre y cuando, la cadena de entrega no se haya quedado con parte de lo que hay dentro. Además, usualmente, hay comunidades que no las reciben a tiempo o, simplemente, los comités deciden tiempo y precio.

Salir de Venezuela significa que “estarás, al menos, mejor de lo que estabas. Nadie te prohibirá seguir adelante”, me asegura Katherine. Sin embargo, para migrar se debe estar preparado mentalmente. Aprender a cambiar unos problemas por otros. Conseguir trabajo e instalarse, lo más duro. “En Venezuela era independiente y tenía mis clientas, aquí (Colombia) estoy como vendedora ambulante”, cuenta Katherine que ha estado con su esposo e hijas viviendo en una habitación.

Abandonar, cambiar de espacio, de rostro, de nombre. Parece que así se siente el venezolano al verse forzado a salir de su país. Porque la crisis se está comiendo sus días. Lo único que resta es decir adiós.

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Regresar. Recorrer nuevamente el camino que recuerda tantas horas de dolor. El rumbo que ahora marca el retorno. Sentir que quizás se ha fracasado. Tantas preguntas, invade la culpa.

El ministro del Poder Popular para la comunicación internacional, William Castro, informó que 3 mil 500 venezolanos regresaron a la nación con el “Plan vuelta a la Patria” creado por Maduro para registrar a quienes deseen regresar al país. No se conoce el número de personas que ha regresado, por cuenta propia, debido a diversas razones que le han hecho preferir regresar, a tener que enfrentar establecerse en otras naciones.

Carmen Vega, venezolana, madre de dos hijos, salió del país hace 7 meses con la meta de llegar a Colombia y, posteriormente, pasar a Ecuador. Primero salió del país su esposo, luego ella fue a acompañarlo. Su meta: poder ahorrar para enviarle dinero a sus hijos. Sin embargo, hoy se encuentra en Venezuela nuevamente. “Apagar la luz es duro, cuando sabes lo que dejas atrás”, dijo Carmen.

Cruzar fronteras, caminar kilómetros alentados por la esperanza. Llegar a un nuevo país, enfrentarse a un realidad que no es la que se conoce. “Nosotros vendimos el carro, vendimos todo lo que teníamos de valor para poder salir”, Carmen cuenta que, con lo que vendió, más el sueldo que recibía por trabajar en una zapatería no le alcanzaba para seguir pagando alquiler de una habitación, además, con sus pocos ahorros no conseguía enviarle suficiente dinero a sus hijos.

Salir del país no es fácil, pero mucho menos lo es regresar sintiendo que se han acabado los sueños, que no se han cumplido metas, que la situación te ha sobrepasado, que te hiciste pequeño, que ahora debes regresar a lo que antes le huías.

Quien regresa puede encontrarse con la cara de lástima de quien le vió partir. Enfrentarse a la tragedia de regresar a un Estado fallido. La sensación de haber fracasado.

“Yo sé que acá todo está mal, pero por lo menos sé que aquí puedo trabajar horas normales y recibir algún beneficio del gobierno”, dijo Vega con la resignación de regresar a uno de los países más pobre y peligrosos del mundo.

Gran parte de los venezolanos está acostumbrada a recibir. Gran parte de la sociedad venezolana está acostumbrada al paternalismo estatal, que no brinda a la gente la posibilidad de ejercer sus capacidades por medio del trabajo, la responsabilidad y el compromiso. Más bien, el Estado todo lo soluciona “regalando”. No es extraño que el chavismo haya calado, tomando en cuenta en la cultura política existente en Venezuela. El paternalismo protector es un mal extendido en todos los sectores.

“Pero al menos yo me devolví por mi cuenta, hay gente que hasta le pagaron pasaje y les han dado beneficios. Me parece injusto”, contó Carmen haciendo referencia al “Plan Vuelta a la Patria”. Como ella, la mayoría de quienes siguen a Maduro cuestionan que se haya “favorecido” a quienes “traicionaron a la patria” huyendo y haciendo eco de la crisis que vive el país, mientras otros tantos han permanecido sobreviviendo en Venezuela y no han obtenido más que los bonos (subsidios) que entrega el régimen, pero nada más.

“No entiendo por qué ayudan a los que dudaron de la patria, como yo (…) Eso es oportunista, debería ser igual para todos. Al menos yo me regresé sola, pero a ellos les pagaron pasajes, les dan trabajo y más”, la opinión de Carmen Vega quien desde que regresó a su país no ha encontrado empleo fijo.

Buscó contactar a sus antiguas clientas, pero solo con tres ha conseguido trabajar de nuevo, pues les resulta difícil costearlo. Para lograr mantener a su familia ahora también trabaja revendiendo productos o “bachaqueando”. Su esposo encontró trabajo en un mecánico del que tiempo después fue despedido, debido a que no alcanzaban los ingresos para poder pagarle al personal, ahora está desempleado. Ambos se mantienen fuertes para intentar sobrevivir a la crítica situación que a diario los ahoga y arrastra el dolor a sus hijos.

¿Cómo se consigue seguir?

Álvaro trabaja en el centro de Caracas, es encargado de uno de los negocios de comida que se encuentra en la avenida Baralt. Colombiano, pero tiene más de 20 años en territorio venezolano. Potencial migrante.

“Seguir aquí es muy difícil, pero también lo es irse”, comentó Álvaro, quien nunca había pensado que cuestionaría regresar a su país natal. Venezuela recibió con brazos abiertos a muchas nacionalidades, les dio oportunidad de trabajo, estudio, salud y progreso. Sin embargo, ahora la crisis golpea la realidad que les empuja a regresar a sus tierras.

“Todo lo que estamos viviendo aquí es muy feo, y los políticos tampoco hacen nada, ni de la oposición, parece que solo a los ciudadanos nos importa tener cada vez menos”, esta crítica que realiza Vásquez es el reflejo de la pésima política que ha llevado al país a la debacle, al pozo profundo del caos.

La política es indiferente a lo que sucede. Hugo Chávez, militar golpista, solo pudo llegar al poder en una sociedad sin norte y confundida. Un país perdido. La tragedia. Estar en manos de un régimen que ha destruído desde 1999 todo aquello que toca. Considerada una organización criminal. Se ha robado los ingresos de toda una nación que ahora está hundida.

Una oposición sumisa. Viven relativizando todo lo malo. No representan una amenaza para el régimen. Durante tantos años han servido para crear la fábula de que se oponen a los chavistas. Apuestan por un desenlace que les regresa el poder que no han sabido defender junto a los venezolanos.

Parece que la política venezolana experimenta a qué nivel de miseria es posible llevar a un pueblo. ¿Hasta dónde llegará la resignación? ¡Cuántos años callando y todo lo que se ha permitido!

En Venezuela no queda más que prepararse para despedidas continuas: ver a tu familia instalada fuera, ver a tus amigos formándose en otro país, los verás solo por fotos y por Skype.

Y, al decidir quedarse, prepararse para ver a tus padres y abuelos padeciendo por falta de medicinas, ver que secuestraron a un vecino o que falleció un niño por desnutrición.

Ojalá la tragedia se aleje. Ojalá, algún día cercano, regrese Venezuela. Mientras tanto, Maduro avanza sin nada que lo tenga. Mientras tanto, Venezuela sigue desapareciendo.

*Artículo de Roxana Da Silva, periodista independiente de Venezuela.




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