Violencia e impunidad, parte del desgaste emocional, señala académico de la Ibero

29 Enero 2014

*En entornos difíciles, la gente ya acepta hasta su propia muerte.

Universidad_IberoamericanaLas personas que viven en zonas con altos índices de homicidios, violaciones y otros crímenes experimentan lo que se conoce como “indefensión aprendida”, explicó Óscar Galicia Castillo, académico del Departamento de Psicología de la Universidad Iberoamericana.

Sin embargo, también existe una respuesta muy distinta a la indefensión generalizada: la de lucha, que hoy es mejor ejemplificada en el caso de los grupos ciudadanos armados de Michoacán y Guerrero, explicó el investigador.

Con respecto a la primera, aclaró: “La desesperanza aprendida aparece incluso en animales, y ocurre cuando las personas sienten que no pueden hacer nada para cambiar una situación. Ya no eres capaz ni siquiera de enojarte“, puntualizó.

Asimismo, indicó que esa situación suele ocurrir en contextos donde, además de violencia, la impunidad es constante. “Ya aceptaste incluso tu propia muerte; ya estás incluso preparado para eso”, contó el experto en neurociencias de la conducta.

“En el caso de Michoacán, y otros lados, aparece la otra respuesta humana, la lucha: estoy enojado. Y la única posibilidad que existe para cambiar lo que estoy viviendo es que me agarre a trancazos con los otros, muy diferente a la indefensión”, aseguró el psicólogo.

Afirmó que ambas, la indefensión y la lucha, son respuestas naturales y esperadas. “Ocurre una activación crónica en el individuo de lo que se conoce como el sistema nervioso simpático, que es el que se activa cuando nosotros tenemos miedo”, provocando la disminución de la capacidad inmunitaria de los sujetos.

Añadió que las personas no sólo tienden a sufrir más enfermedades: también sufren consecuencias psicológicas y repercusiones en sus interacciones sociales. “En un ambiente así, es difícil amar, compartir, razonar, perdonar. La persona está pensando en su supervivencia, y básicamente se vuelve una lucha vivir con los otros o a pesar de los otros”, contó el psicólogo.

Óscar Galicia Castillo, destacó que el sufrimiento se vuelve parte de nuestra interacción también con los otros, principalmente con las familias, derivando en un “círculo de violencia”, reflejado en un clima generalizado de descomposición social, en el que la ruptura de la familia también contribuye a la generación de más y más frecuentes situaciones delictivas.

(Comunicado de la Universidad Iberoamericana)




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